Gobierno|21 de octubre de 2021

Argentina y el FMI, una historia de vida juntos

Continuamos con esta serie de artículos semanales, donde repasamos los temas históricos que enfrenta y sigue enfrentando la Argentina en materia económica y financiera.

Por Simón Salas Seeber

 

El Fondo Monetario Internacional es un organismo que se creó después de la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de ser una suerte de consejero y prestamista de los países que lo necesitaran, y, a la vez, hacer de organismo multilateral y centralizado de pagos.

 

Para distinguirlo del Banco Mundial, podríamos afirmar que el Fondo Monetario Internacional se propone enfocarse sobre todo en los resultados y políticas macroeconómicas, mientras que el Banco Mundial se avoca al desarrollo a largo plazo y la reducción de la pobreza. 

 

Como resalta un estudio de Pablo Nemiña titulado "Historia de las relaciones entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional", la relación del organismo con nuestro país es algo especial:

 

"Si se considera que los acuerdos están contemplados para otorgar financiamiento transitorio, se pone de manifiesto que lo excepcional, en el caso de la relación del FMI con la Argentina, se convirtió en norma".

 

¿Cuándo comenzó esta sempiterna historia entre la Argentina y el FMI?

Las primeras interacciones comenzaron en 1958 bajo la presidencia de Arturo Frondizi, quien se convirtió en el precursor de los pedidos financieros al FMI. El primer acuerdo le otorgó U$S75 millones, solicitados a través de su ministro de Economía, Emilio Donato del Carril, con el fin de estabilizar el problema cambiario y frenar la inflación.

 

Un año después se solicitó un nuevo acuerdo pero en este caso por 100 millones de dólares. Como relata Alejandro Arnoletti en "Argentina y el FMI, una relación con historia", una vez que el gobierno de Frondizi finalizó -prematuramente en 1962 por un nuevo golpe de Estado- "la Argentina solicitó al fondo unos 375 millones de dólares. Tras la destitución de Frondizi ingresó en la presidencia José María Guido. En el año y medio que duró su gestión de facto se requirieron otros 100 millones de dólares".

 

Al comenzar la dictadura militar, los préstamos se intensificaron, y, según los historiadores económicos, fue aquí cuando realmente se registró el salto de la deuda. Ramiro Marra comentó que en esta etapa la deuda incrementó increíblemente, "llegando a multiplicarse por 6 en pocos años, más precisamente, pasando de U$S 7.000 millones en 1976 a U$S 42.000 millones en 1982".

 

Bernardo Grinspun, el ministro de Economía de Alfonsín, ordenó auditar la deuda externa para buscar la nulidad de una "deuda ilegítima". Más allá de ello, ante una imparable inflación y un monto de deuda impagable, el FMI apoyó el Plan Austral. Durante siguientes 6 años se solicitaron 3.880 millones de dólares.

 

La fuerte intervención estatal en materia económica llevó a desequilibrios fiscales y externos culminaron en una moratoria. Según Nemiña, "en este marco, la fuga de capitales disparó la cotización del dólar, la cual motorizó el estallido de la hiperinflación y la asunción anticipada del presidente Carlos Menem en 1989".

 

En esta etapa, el FMI aprobó la convertibilidad, el plan económico diseñado por el Gobierno del presidente Carlos Saúl Menem y su ministro de Economía, Domingo Cavallo, 
para terminar con la hiperinflación. Como relata Ramiro Marra en "Hacen falta Huevos", "el peso se ancló al dólar, lo cual se acompañó de un agresivo plan de privatizaciones y achicamiento del Estado".

 

Al terminar la primera presidencia de Menem, en 1995, se estima que la deuda del Estado llegaba a U$S87.091 millones y para cuando Cavallo fue reemplazado por Roque Fernández, en julio de 1996, la cifra ascendía a los U$S 90.472 millones.

 

Argentina firmó un nuevo acuerdo standby de la mano de su nuevo presidente, Fernando de la Rúa. Se abandonó, entonces, el modelo económico responsable de reducir considerablemente la inflación que fue la convertibilidad. Ramiro destaca que "es justo decir que si bien la convertibilidad acabó con la inflación, también terminó generando un contexto de gran deuda pública y elevado déficit público".

 

En esa época ingresaron a la Argentina un total de U$S 48.000 millones. No obstante, la historia es conocida: en Argentina estalló la crisis, sucedió el famoso corralito y se defaultearon $140.000 millones de dólares de deuda.

 

El FMI ya era una figura repudiada por los civiles argentinos, aunque los préstamos seguían llegando; en 2002 y 2003 se firmaron los últimos créditos stand by por U$S2.174 millones y U$S8.900 millones, respectivamente.

 

A partir de 2006, el presidente Néstor Kirchner suspendió los préstamos del FMI, lo cual lo obligaban a incurrir en serios recortes fiscales, y su administración pagó U$S9.500 millones al contado al organismo. No se volvió a pedir un crédito hasta el gobierno de Mauricio Macri.

 

Durante su gobierno, el ingeniero y ex presidente solicitó el préstamo más alto otorgado por el organismo a un país, por un total de 50 mil millones de dólares, el cual fue aprobado por el FMI. Esto en el contexto de la corrida cambiaria y fuga de capitales que atravesó el país, específicamente en 2018.

 

En la actualidad, la crisis de pagos continúa y Argentina negocia una reestructuración tras otra, para hacer frente a la deuda que comenzó a gestarse allá por 1958. El presidente Alberto Fernández cree que es fundamental lograr un acuerdo con el Fondo, mientras que otros personajes como Federico Sturzenegger afirman que el arreglo con el FMI es "irrelevante", ya que el problema de Argentina es más profundo.