Wall Street|14 de octubre de 2021

Breve historia del dinero y los mercados financieros

La era de las finanzas verdaderamente democráticas está apenas comenzado.

Por Maximiliano Suárez

Asesor Financiero de Bull Market Securities

 

Los mercados financieros son la representación más acabada y sofisticada de la economía moderna, sin embargo, para llegar al nivel de desarrollo y complejidad que conocemos hoy, tuvieron que pasar por diversos estadios evolutivos a lo largo de la historia.

 

En un comienzo las sociedades primitivas trocaban bienes para conectarse entre sí y beneficiarse de la diversidad de recursos y talentos que les podía proporcionar el comercio con sus vecinos. A medida que esas redes comerciales se extendían, se hizo necesaria la implementación de ciertos patrones comunes para facilitar y homogeneizar las negociaciones. Así fue como determinados bienes destacados se encumbraron por sobre el resto y comenzaron a utilizarse como medio de cambio, es decir, con reconocimiento de valor objetivo y de aceptación incondicional entre las partes. Además de ser bienes “especiales”, para poder cumplir plenamente su función de cambio, debían poseer ciertas características adicionales como durabilidad, divisibilidad, resistencia a la adulteración, etc. A lo largo de la historia, en esta categoría llegamos a encontrar bienes tan diversos como conchas, piedras singulares, especias, sal (de allí la palabra “salario” como sinónimo de paga) y, desde ya, los metales preciosos, sobre todo oro y plata.

 

Por sus propiedades especiales, de todos estos bienes, los que terminaron prevaleciendo con el tiempo fueron los metales. Con el advenimiento de regímenes sociales más complejos con un mando y administración centralizados comenzaron las acuñaciones de moneda, es decir, una especie de sello oficial sobre el bien mismo que garantizaba su gramaje, calidad e integridad. Nacían así las primeras formas de dinero similares a como las conocemos hoy. Definitivamente esto fue una mejora sustantiva a la hora de facilitar los intercambios y la acumulación de riquezas, pero aún así no resolvía todos los problemas. Por ejemplo, la aleación con otros metales se utilizaba para diluir el metal más noble y así lograr falsificar dinero a una fracción de su costo real, en muchos casos se limaban los bordes de las monedas para sustraer parte de su valor antes de entregarlas y en muchos casos era inconveniente y hasta peligroso lidiar con dinero en efectivo.

 

Hacia los siglos XVI y XVII habían florecido en Europa algunas casas de dinero que se dedicaban a custodiar los tesoros de las familias acaudaladas y, ocasionalmente a conceder préstamos a algunos de sus clientes. En general estos servicios de crédito y custodia eran una extensión de las propias casas de acuñación de metales, que optaron por brindar algunos negocios adicionales, dando lugar a lo que luego se convertirían en los bancos modernos. En el curso de esta acción, algunas de estas casas comenzaron a emitir notas respaldadas por sus reservas, de tal modo que un cliente con esa nota pudiera comprar o hacer lo que quisiera, sabiendo que como garantía estaba el propio acuñador. El público podía aceptar estas notas porque sabía que podía canjearlas en cualquier momento por la cuantía de metal subyacente especificada en el documento. Surgían entonces las primeras formas de dinero representativo, es decir, un bien de cambio que no tiene valor por si mismo, sino que representa el valor por su equivalencia con otro bien (oro, plata, etc.).

 

Fue por esta época también cuando se crearon las primeras asociaciones que devinieron en los mercados bursátiles modernos, dónde se comercializaban de manera centralizada y estandarizada participaciones en empresas y títulos de deuda, basados en el modelo de valor representado. Los primeros registros son de alrededor del S. XIV en los territorios de lo que hoy son Bélgica y los Países Bajos, siendo la Dutch East India Company (VOC, por sus siglas en neerlandés) la primera compañía de la que se tiene registro de listado público, llegando a valer en su momento cerca de $7.8 billones de dólares (o el equivalente a más de 3 veces Apple, la empresa más valiosa de hoy). Fundada en 1602, la VOC fue una de las primeras muestras de lo que hoy conoceríamos como un conglomerado internacional, integrada verticalmente para la producción, transporte y comercialización transcontinental de commodities y ciertos bienes suntuarios. La VOC fue una auténtica estrella bursátil, que pagó dividendos por alrededor del 18% anual en promedio durante su existencia, hasta su decadencia y posterior disolución a finales del S. XVIII.

 

Casi 100 años antes de que la VOC quebrara, el Rey Guillermo III de Inglaterra, al tanto de los beneficios que el desarrollo de un mercado de capitales había provisto a sus pares neerlandeses, se dispuso a modernizar las finanzas del reino, habilitando la emisión de bonos gubernamentales y allanando el camino para la creación del primer banco central del mundo: el Banco Central de Inglaterra. Al poco tiempo, las primeras sociedades por acciones de Inglaterra comenzaban a ser listadas públicamente, en la zona londinense del “Exchange Alley”, dónde los brokers se juntaban en distintos cafés para publicar cotizaciones a viva voz y en pizarras dedicadas a tal fin. Allí se gestó justamente la primera burbuja bursátil de la historia, donde incluso un genio como Sir Isaac Newton perdería fortunas: la South Sea Company, par inglesa de la próspera VOC.

 

Con el tiempo, los mercados de valores se fueron expandiendo alrededor del mundo, en 1792 se creo la Bolsa de Nueva York, en la mítica calle de Wall Street, en Manhattan; en 1801 los corredores nucleados en el Exchange Alley se agruparon para crear la Bolsa de Londres, una de las más importantes del mundo, incluso hasta hoy en día; y en 1854 le tocaba el turno a la Argentina, con la fundación de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, seguido por la Bolsa de Comercio de Rosario treinta años después.

 

Hoy en día en los mercados financieros se negocian títulos de deuda, tanto nacionales, subnacionales y corporativos, instrumentos de manejo de liquidez entre privados, participaciones en empresas (acciones) y productos más complejos como fondos, opciones, futuros, productos estructurados, etc.

 

La irrupción de los mercados de capitales en el mundo provocó una revolución sin precedentes, en tanto generaron una forma novedosa de canalizar el ahorro y la inversión, permitiendo por un lado que sectores populares pudieran participar de las finanzas nacionales e internacionales, actividad que antes quedaba tan solo reservada a la nobleza y grandes comerciantes, así como también que los agentes deficitarios consiguieran financiamiento de una manera más directa, transparente y eficiente.

 

Hoy en día, la digitalización y automatización de los procesos continúan ampliando el acceso al mercado, por cuanto mientras más se puedan bajar los costos operativos, menores resultarán las barreras de entrada al sistema. La era de las finanzas verdaderamente democráticas está apenas comenzado.

 

*Disclaimer legal: Tenga en cuenta que existen riesgos asociados con la inversión en valores, incluida la posible pérdida de capital, de conformidad con la Norma FINRA 2210 (d)(1)(A). Este artículo no debe considerarse una solicitud o recomendación de compra. El material ha sido preparado únicamente con fines informativos.