FMI, la palabra clave para achicar la brecha cambiaria

De avanzar el acuerdo con el FMI (aunque muchísimo más lentamente de lo que se hubiera podido, una impronta de este gobierno a dilatar los temas), los mercados no entren en modo "pánico".

Por Gabriel Rubinstein

Director de GRA, Consultora N°1 en Ranking REM del BCRA entre Consultoras Económicas

 

El gobierno de Cristina, Máximo, Sergio, y digamos...Alberto, decidió maximizar el déficit fiscal. El desdibujado ministro Martín Guzmán quería aprovechar los ingresos extra presupuestarios derivados del agro ($ 240.000 millones más) y del impuesto a la riqueza ($ 225.000 millones) para ahorrar más de un punto del PBI de modo de llegar a un déficit primario de poco más del 3 % del PBI. Era el típico ajuste "indoloro" para el "pueblo" del que se la pasa hablando el ministro, pero no fue posible. A fin de minimizar la pérdida de votos en noviembre, el gobierno decidió maximizar el déficit fiscal.

 

Una de las consecuencias de ello la estamos viendo en el empeoramiento de las condiciones financieras:

 

  1. Rollover "voluntario" de deuda en pesos. Promedió 117% entre marzo y mayo. Pero en junio bajó abruptamente al 62%. El Gobierno exhibe que el rollover fue del 165%. Pero un 103% se debió a un cambio de regulación: ahora los bancos "pueden" (en realidad, "deben") destinar una porción de las leliqs a la compra de bonos, para su uso como encajes. La emisión monetaria de origen "estatal" no cambia: antes era por Adelantos Transitorios, ahora es por baja de leliq (o pases). Volviendo entonces al rollover "voluntario", la fuerte baja enciende luces amarillas para los próximos fuertes vencimientos de fines de julio y agosto.
  2. Venta de dólares del BCRA para frenar el CCL. Entre mediados de marzo y mediados de junio, la venta diaria del BCRA en el mercado de CCL fue del orden de los u$s 8 millones (equivalente a u$s 160 millones por mes). Pero en los 10 últimos días hábiles de junio habría trepado hasta los 15 millones de diarios ( u$s 300 millones por mes). La suba ha sido muy fuerte y sería muy difícil sostener tal ritmo.
  3. Compra de divisas del BCRA. Tras el récord de compras reciente, cabe esperar muy bajos niveles de compra en adelante. Aun si se moderara la venta de dólares en el mercado CCL a u$s 220 millones por mes, estimamos incluso caída neta de reservas del BCRA en el segundo semestre.
  4. Suba del CCL. A pesar de la mayor intervención cambiaria, y la manipulación en los mercados (ventas al cierre para mostrar valores más bajos que los realmente operados, arengas a las ALyCs, etc), el CCL, luego de meses de baja y estabilidad, subió desde el 15 de marzo al 2 de julio un 14,2% (desde $150,7 a $172,1).

Ahora bien, todo esto viene pasando cuando aún el déficit fiscal viene siendo bajo. Si bien las "expectativas" de aumento del déficit fiscal se estarían haciendo sentir, los "flujos reales" de dinero (por el fuerte aumento esperado del déficit fiscal), seguramente impulsarán más fuertemente el deterioro actual de las condiciones financieras mencionadas. 

 

¿El FMI, un "papá" salvador? 

La tendencia a maximizar el déficit fiscal del kirchnerismo no es nueva, y no obedece a la pandemia. En el período 2006 al 2015, con crecimiento promedio anual del PIB del 3,3%, el kirchnerismo se las arregló para que el superávit fiscal primario del 3,4% (2005) pasara a un déficit primario del 3,8% (2015, sin considerar "contabilidad creativa" que lo harían más abultado). Es decir, un deterioro de 7,2 puntos del PBI (récord de desmejora fiscal en la historia argentina). Y junto a ello, el kirchnerismo logró que el dólar se atrasara un 53% (pasando de un índice promedio de 127 a uno de 59), la inflación pasara del 6% (2004) al 25% anual, y se perdieran u$s 40.000 millones de reservas netas (2007 a 2015). Un verdadero desastre macroeconómico. 

 

No estaba errado Alberto Fernández cuando decía: "El segundo gobierno de Cristina fue deplorable. Hay un tercer mandato (del kirchnerismo) donde uno ya no encuentra elementos para ponderar. Donde la economía se destruye, los años del cepo, del cierre de la economía, de la pérdida de reservas, de la ruptura de la relación dólar-peso, la pobreza aumenta y se niega su existencia". 

Pero, si finalmente hay acuerdo con FMI, las probabilidades de empeoramiento macroeconómico deberían quedar acotadas. Por más flexible que sea el FMI, no habrá más remedio que mostrar un "plan" coherente, con objetivos de mejora fiscal y de bajas de las brechas cambiarias, junto a las medidas para el logro de estos y otros objetivos que se pacten. 

 

Si las elecciones de noviembre próximo resultaran auspiciosas para el Frente de Todos, podría haber avances en el terreno judicial (procurando la impunidad de Cristina y su entorno), y en estatizaciones (¿Reforma de salud? ¿Otras?), pero difícilmente Cristina impulse el incumplimiento de lo que se firme con el FMI. Los costos de un default con el Fondo superarían muy largamente a los beneficios que pudiera haber. 

 

Si le fuera mal al Frente de Todos en noviembre, el acuerdo con el FMI ayudaría a transitar los últimos 2 años. En cambio, un default, al causar suba fuerte de brechas cambiarias y descomposición general de la economía, casi que aseguraría la derrota electoral de Cristina en 2023. 

 

De modo que, si bien cabe esperar "meses cambiarios tensos", sería bastante probable, que de avanzar el acuerdo con el FMI (aunque muchísimo más lentamente de lo que se hubiera podido, una impronta de este gobierno a dilatar los temas), los mercados no entren en modo "pánico". 

 

Pero habrá que estar atentos. Un Gobierno que tarda más de 8 meses en decidir que pueden entrar vacunas que podían haber salvado unas 30.000 vidas (según modelo de cálculo de Santiago Urbiztondo, Jefe de Economía en Fundación Fiel, al 15 de junio de este año), puede depararnos otras desagradables sorpresas. Veremos.