Herramientas de inversión|03 de mayo de 2021

¿Qué hago si todavía tengo bonos argentinos?

Inversores que vieron esfumarse gran parte de su capital y esperaban con la reestructuración recuperar una parte de él siguen sin ver resultados. ¿Qué hacer con estos bonos?

Por Matías Daghero

Agente Asesor Global de Inversión, Presidente de @closingbelladv

 

Si hay algo difícil para un inversor es asumir una pérdida. Más aún cuando se tiene la sensación de que el instrumento utilizado era algo conservador, que te pagaba una renta en dólares con fechas conocidas de antemano. 

 

Bonistas que confiaron en el crecimiento del país y decidieron prestarle su dinero a cambio de tasas anuales de entre 4 y 5% a comienzos de 2018 jamás pensaron que estaban ingresando en una inversión de la que no podrían escapar.

 

Es que a partir de ese momento se sucedieron devaluaciones, nuevos impuestos, FMI, cambio de rumbo político, default, reestructuración, pandemia y un laberinto sin escapatoria.

 

El pensar que hacer con aquella inversión a la que se ingresó quizás pagando USD 112 (sí, en aquel momento incluso los bonos cotizaban sobre la par) y que hoy vale apenas un tercio de aquello es claramente una situación frustrante y que paraliza a la mayoría.

 

Muchos de estos ahorristas permanecen aún con estos bonos, esperando que en algún momento esta situación cambie y los bonos recuperen el terreno perdido.

 

Sin embargo, el empecinarnos en que lo que me quitó una inversión me lo debe devolver la misma inversión puede ser un error muy caro.

 

El primer paso para salir de un pozo es dejar de cavar

Aunque no lo vean de esa manera aquellos que compraron un bono con un rendimiento abajo del 5%, hoy tienen una de las inversiones de más alto riesgo. Sí, su perfil mutó del de un inversor conservador a uno agresivo. Es que tener un bono que hoy ofrece una TIR de más del 20% en un mundo de tasas cero tiene que dejarnos más que claro que estamos en una inversión agresiva.

 

Y esto no es algo que todos los que tienen bonos argentinos hoy se den cuenta. Siguen pensando que están realizando una inversión conservadora, que mágicamente volverá a los niveles anteriores.

 

El primer paso es darse cuenta de que si mantengo los bonos, mi perfil de inversor mutó al de uno agresivo. A esto le sigue la pregunta: ¿Está correctamente remunerado el riesgo que asumo?

 

En las finanzas hay una máxima que reza: “A mayor riesgo asumido, mayor retorno esperado”. Y esto es lo que no viene sucediendo con los bonos argentinos desde hace años.

 

Un clavo saca otro clavo

Te invito a que hagamos un ejercicio práctico pensando en una serie de caminos en 2 escenarios que podría haber tomado un bonista argentino.

 

Este bonista invirtió USD 10.000 en diciembre 2017 comprando Bonar 2020 (AO20D) que cotizaba en aquel entonces a USD 112,40.

 

Esperaba cobrar una renta anual de 4,5% y encima se ahorró de pagar el impuesto a los Bienes Personales. ¿Qué podría salir mal? Bueno, creo que sabemos cómo sigue la historia.

 

Frente a la pérdida sufrida, en marzo 2020 decide buscar un asesor financiero para poder decidir qué hacer con los bonos. Y se le plantean una serie de posibilidades:

 

  • Quedarse con los bonos esperando la llegada de la reestructuración.
  • Asumir la pérdida en los bonos argentinos y conformar una cartera diferente según su perfil de riesgo.

En esta segunda alternativa, se propone el armado de una cartera conservadora, moderada o agresiva. A los efectos de simplificar el análisis en una nota se asumen las siguientes carteras, pero en la realidad cada una de ellas se recomendaría una diversificación aún mayor:

 

 


 

Una cartera conservadora con Obligaciones Negociables y Cedears pagadores de dividendos, una moderada con Cedears balanceados y una agresiva con Cedears más explosivos.

 

Estas claramente no constituyen una recomendación de inversión, sino que es un ejercicio a los fines periodísticos (muy importante que hagas tu propio análisis y tomes la mejor decisión) pero…¿Cómo le hubiera ido al inversor con estas carteras?

 

 

 
En la tabla se observa cómo los bonos mostraron una recuperación. Su inversión pasó de estar valuada en USD 2.446 a estarlo en USD 3.050. Pero los USD 10.000 invertidos a comienzos de 2018 lucen aún lejanos. En el caso de las carteras conformadas, vemos que la cartera conservadora hubiera recuperado aún más que quedándose los bonos. Lo mismo sucede con la cartera moderada. Y en la agresiva incluso se recuperó la inversión inicial y se alcanzaron los USD 11.815. Una inversión agresiva que pagó su mayor riesgo con un mayor retorno.

 

Supongamos que no tomó la sugerencia de su asesor financiero en marzo 2020 porque decidió esperar la reestructuración y en septiembre 2020 al ver que no se recuperaban los valores vuelve a tomar un café con él para decidir qué hacer. ¿Cómo le hubiera ido cambiando el rumbo en ese momento?

 

 

¿Qué hacer hacia adelante?

Claramente no es racional ni sostenible en el tiempo que los bonos argentinos sigan rindiendo lo que rinden al día de hoy. Pero Keynes tiene una frase célebre que reza: “El mercado puede permanecer irracional más tiempo que el que usted solvente”.

 

Aún no sabemos si todavía queda por delante un nuevo default, una quita de capital o lo que el destino depare. Quedarse de brazos cruzados esperando el milagro no parece ser una medida que haya venido dando resultado en el último tiempo y en esta nota creo que ha quedado más que claro el costo de oportunidad de la inacción.

 

Salir de manera escalonada de los bonos, conformar portafolios diversificados, analizar si las acciones argentinas recuperarían más rápido que los bonos, utilizar derivados como opciones en eventos clave como las elecciones son algunas de las medidas que podría analizar el inversor junto a su asesor financiero para tomar la mejor decisión.

¿Qué aprender de este camino?

Creo que la principal enseñanza que nos debe dejar esta situación es la necesidad de tener un punto de salida de la inversión. Tener la humildad de reconocer cuando uno se equivoca y salir a tiempo puede ser lo que marque la diferencia en tu patrimonio.

 

Si buscaba cobrar 5% anual y el bono cayó de precio un 10%, ¿Tiene sentido permanecer en ese instrumento? Para ganar 5% perdí 10%. El ejecutar un stop loss en ese momento me hubiera evitado una pérdida mucho mayor.

 

Por último, entender que no puede ser un motivo para comprar algo simplemente porque esté barato. Porque lo que está barato puede estarlo aún más como lo habrán aprendido quienes compraron bonos antes de la reestructuración.

 

El mercado siempre paga futuro y lo que tenemos ver a la hora de invertir es la perspectiva que tiene esa inversión hacia adelante, sin importar el precio al que alguna vez estuvo.