Empresas argentinas: entre la crisis y el desafío de cuidar a sus empleados

Según estimaciones de la ENAC, unas 31.500 pymes podrían dejar de operar durante 2026, lo que representa el 6,3% del total.

Por Carlos Curi

Economista especializado en bienestar financiero

La mayoría de los sectores industriales atraviesa un principio de año marcado por la incertidumbre. La inflación se mantiene en torno al 3% mensual, a pesar del caprichoso anclaje del dólar. La caída de la demanda interna ha puesto en jaque a miles de pequeñas y medianas empresas (pymes), que emplean cerca del 70% del empleo formal en el país.

 

Según estimaciones de la ENAC (la Asociación de Empresarios y Empresarias Nacionales para el Desarrollo Argentino), unas 31.500 pymes podrían dejar de operar durante 2026, lo que representa el 6,3% del total, sumándose a las más de 20.000 que ya lo hicieron en 2025.

 

La presión tributaria y las tasas de interés inaccesibles completan un panorama que amenaza con profundizar la crisis productiva de 36 de los 55 sectores económicos que se retrajeron en 2025.

 

Los empresarios pymes no solo tienen que mantener sus negocios a flote, sino que también necesitan atender el frente interno, ya que su dependencia del talento es más fuerte que la de las empresas grandes.

 

El estrés de sus empleados empeoró debido a su situación económica, y la crisis les impide obtener mejoras salariales en términos reales y, en algunos casos, ni siquiera nominales.

 

Ante esta realidad, algunas empresas han comenzado a implementar medidas alternativas para aliviar la carga económica de sus trabajadores.

 

Tomemos en cuenta que un estudio de Mercer reveló que seis de cada diez empleados piensan en sus problemas económicos durante la jornada laboral y que la mayoría espera apoyo de sus empleadores para mejorar su salud financiera.

 

Ante el dilema que les presenta la situación —la fuerte disminución de la actividad y la necesidad de mantener a sus empleados—, muchos empresarios optaron por mejorar el bienestar financiero de sus colaboradores mediante la provisión de beneficios flexibles, como vales de consumo, descuentos en supermercados, farmacias y transporte, entre otros. También trataron de negociar el acceso a créditos blandos mediante convenios con bancos o adelantos de sueldo sin intereses abusivos.

 

Además, les dieron la posibilidad de asistir a talleres de educación financiera para mejorar la administración personal de ingresos y gastos.

 

La paradoja es evidente: mientras las empresas luchan por sobrevivir en un entorno hostil, deben encontrar formas creativas de sostener la motivación y el bienestar de sus equipos. Aunque estas medidas no reemplazan un aumento salarial, sí pueden marcar una diferencia en la percepción de apoyo y en la capacidad de los empleados para enfrentar la crisis.

 

En definitiva, 2026 se perfila como un año de resistencia para el sector privado argentino. La clave estará en la capacidad de las empresas de reinventarse, no solo para mantener sus operaciones, sino también para cuidar a quienes las sostienen día a día.

 

 

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