Inversores podrían “cazar valor” en 2026 mientras el rally de IA madura
Después de varios años de fuertes subidas impulsadas por el entusiasmo tecnológico, muchos analistas creen que la tendencia de rally de IA está madurando, lo que hace que los inversionistas sean más selectivos al asignar capital.
Por Gonzalo Andrés Castillo
Redactor especialista en finanzas y mercado de capitales
En 2026, los inversores globales podrían centrarse en buscar activos infravalorados en los mercados financieros tradicionales, impulsados por crecientes preocupaciones sobre una posible burbuja en acciones de tecnología vinculadas a la inteligencia artificial (IA).
Después de varios años de fuertes subidas impulsadas por el entusiasmo tecnológico, muchos analistas creen que la tendencia de rally de IA está madurando, lo que hace que los inversionistas sean más selectivos al asignar capital.
La rotación fuera de grandes tecnológicas impulsa el interés por valores más “baratos” y segmentos que han quedado rezagados. Entre los activos que podrían atraer flujos de dinero este año se encuentran acciones de pequeña capitalización en EE. UU., metales preciosos como el oro, sectores defensivos como salud y finanzas, monedas de mercados emergentes y renta fija de alto rendimiento.
En particular, las acciones de pequeña capitalización estadounidenses están en el radar de muchos gestores porque sus ganancias están mejorando y podrían beneficiarse si la Reserva Federal reduce las tasas de interés. La expectativa de recortes crear condiciones más favorables para empresas con mayor endeudamiento, típicas de este segmento, podría llevar al índice Russell 2000 a niveles sensiblemente más altos hacia fin de año.
El oro también destaca como protagonista, tras un fuerte desempeño en 2025. Analistas de grandes bancos pronostican que los precios podrían seguir subiendo impulsados por compras de bancos centrales y un dólar más débil, lo que convierte al metal en un refugio tradicional y una fuente de diversificación frente a activos más arriesgados.
En sectores específicos, la salud y las finanzas figuran como apuestas con fundamentos sólidos. La industria sanitaria podría aprovechar cambios favorables en políticas públicas y avances terapéuticos, mientras que los bancos están bien posicionados para beneficiarse de una mayor actividad de fusiones y adquisiciones y de la eficiencia operativa derivada de la tecnología.
Además, un dólar estadounidense más débil podría reforzar el atractivo de monedas de mercados emergentes como el yuan chino y el real brasileño, al tiempo que los mercados emergentes —con fundamentos macroeconómicos más estables que en años recientes— captan atención de inversores internacionales.
Los bonos de alto rendimiento y los contratos de eventos —instrumentos financieros que permiten apostar por resultados de hechos reales— también podrían atraer interés este año debido a la creciente demanda de financiación corporativa y la expansión de mercados alternativos, aunque este último segmento enfrenta escrutinio regulatorio por su naturaleza especulativa.
