Las tasas en pesos no tienen margen para bajar en el corto plazo, según un informe privado
Un análisis de la Fundación Mediterránea señala que la persistencia de la inflación, el riesgo país y el contexto financiero internacional limitan cualquier intento de reducir el costo del dinero en la Argentina.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
Las tasas de interés en pesos seguirían sin espacio para bajar en el corto plazo. Así lo plantea un informe de la Fundación Mediterránea, que advierte que la inflación todavía elevada y el contexto financiero internacional obligan a mantener rendimientos relativamente altos para evitar tensiones cambiarias.
El trabajo, elaborado por el economista Maximiliano Gutiérrez, sostiene que la inflación proyectada para el primer trimestre del año se ubica entre 2,5% y 2,6% mensual, un nivel que todavía exige mantener tasas reales positivas para sostener la demanda de instrumentos en moneda local.
A esto se suman otros factores que también limitan una baja en el costo del dinero. Entre ellos aparecen el riesgo país, que se mantiene en torno a los 550 puntos básicos, y la estabilidad de la tasa de interés en Estados Unidos, dos variables clave que influyen sobre el apetito de los inversores por activos argentinos.
Para los analistas, esta dinámica agrega incertidumbre al sistema financiero. En el informe se explica que esa falta de previsibilidad termina funcionando como un costo adicional que empuja a las tasas a mantenerse en niveles más altos de los que tendrían en un escenario más estable.
El documento también remarca que el objetivo del esquema oficial es mantener tasas reales positivas, es decir, rendimientos que superen a la inflación. De esa manera se busca evitar que los ahorristas se desprendan de los pesos y migren masivamente hacia el dólar.
En ese sentido, el informe señala que no hay condiciones claras para una reducción del costo de endeudamiento en moneda local. La razón es que variables clave como la tasa libre de riesgo en Estados Unidos, las expectativas de devaluación y el propio riesgo país no mostraron cambios significativos que habiliten una baja.
Según el análisis, si el Gobierno decidiera recortar las tasas sin mejoras en esos indicadores, el resultado podría ser una mayor dolarización de las carteras, algo que pondría presión sobre el mercado cambiario.
Otro factor que influye en la dinámica de las tasas es el comportamiento de las licitaciones de deuda del Tesoro. Cada vez que el Gobierno logra refinanciar más del 100% de los vencimientos —lo que en la jerga se conoce como rollover— termina retirando pesos del sistema y reduciendo la liquidez disponible.
Ese movimiento se refleja rápidamente en el mercado de dinero de muy corto plazo. En particular, en la tasa de caución, que suele funcionar como una referencia inmediata del costo del financiamiento. Durante febrero, ese indicador llegó a marcar picos cercanos al 42% anual antes de estabilizarse.
En este contexto, la persistencia de la inflación sigue siendo el principal obstáculo para relajar la política monetaria. Según Gutiérrez, el margen para reducir los rendimientos nominales es acotado porque el sistema necesita sostener tasas que, al menos, superen el ritmo de suba de los precios.
De acuerdo con el informe, este esquema de política monetaria más restrictivo —definido como una estrategia de “rienda corta”— probablemente continúe vigente hasta que se observe una desaceleración más clara y sostenida de la inflación.
En otras palabras, mientras los precios sigan avanzando a un ritmo cercano al actual y el contexto financiero internacional no cambie demasiado, las tasas en pesos difícilmente puedan bajar de forma significativa. Para los analistas, el equilibrio entre inflación, dólar y tasas seguirá siendo uno de los principales desafíos de la economía argentina en los próximos meses.
