El Senado arranca el debate por la reforma laboral y el Gobierno confía en aprobarla con apoyo de las provincias
Tras una negociación a las apuradas y varios retoques al proyecto original, el oficialismo logró el quórum en la Cámara alta y puso en marcha una sesión clave. Hubo ausencias del peronismo y críticas duras desde la oposición.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
El Gobierno enfrenta este miércoles su primer test político fuerte del año en el Congreso con el debate de la reforma laboral en el Senado. Después de semanas de charlas, llamados y concesiones, el oficialismo consiguió sentar a los senadores necesarios para arrancar la sesión y se ilusiona con avanzar hacia la aprobación de una ley que considera central para su programa económico.
Para llegar a este punto, la Casa Rosada tuvo que ceder bastante. El texto que llegó al recinto tiene más de veinte cambios respecto del borrador original, con el objetivo de destrabar apoyos y evitar un traspié legislativo. La apuesta es modernizar el sistema laboral y reducir la litigiosidad, uno de los ejes que más repite el Ejecutivo cuando habla del mercado de trabajo.
Los grandes ganadores de la negociación fueron los gobernadores. En las últimas horas, el Gobierno les garantizó que no habrá recortes en el impuesto a las Ganancias, un tributo clave para las finanzas provinciales y que mueve cifras millonarias en la coparticipación. Ese guiño fue decisivo para que varios mandatarios habilitaran a sus senadores a dar quórum.
Los gremios también lograron marcar la cancha. Se aseguraron la continuidad de los aportes patronales a las obras sociales y del aporte solidario, dos puntos sensibles para la estructura sindical. De todos modos, la CGT y otros sectores mantienen reparos sobre el resto de la reforma y ya anunciaron movilizaciones y protestas frente al Congreso y en distintos puntos del país.
El inicio del debate no estuvo exento de tensiones. Hubo cruces reglamentarios, cuestionamientos al manejo de la palabra y discursos encendidos, como el del senador José Mayans, que acusó al Gobierno de impulsar una ley “contra los trabajadores” y de violar la Constitución. Del otro lado, los senadores libertarios insistieron en que la reforma mantiene principios básicos de protección laboral y busca adaptar normas que quedaron viejas.
Mientras tanto, el presidente Javier Milei decidió jugar fuerte y envió a la mesa política completa al Senado para seguir de cerca la sesión y evitar sorpresas. Karina Milei, Patricia Bullrich, Martín Menem y otros referentes del oficialismo se instalaron en el Congreso para cerrar acuerdos de último momento y asegurarse los votos necesarios.
Desde bloques aliados, como el PRO y la UCR, adelantaron su respaldo, aunque marcaron límites y diferencias en algunos artículos. El radicalismo puso el foco en el cuidado de las pymes y rechazó tocar leyes específicas, mientras que dirigentes del PRO hablaron de una oportunidad histórica para cambiar un sistema que, según ellos, fracasó.
Si el Gobierno logra la aprobación, será su primer triunfo legislativo grande de 2026 y una señal política fuerte en el arranque del año parlamentario. Pero más allá del resultado, el debate deja en claro que la reforma laboral sigue siendo uno de los temas más sensibles de la agenda argentina, capaz de unir y dividir aliados en cuestión de horas.
Las próximas horas serán decisivas y el clima en el recinto promete seguir caliente. Afuera, en la calle, también habrá movimiento. La reforma laboral no solo se juega en el tablero del Senado: también se mide en la reacción social y en la capacidad del Gobierno de sostener consensos en un escenario político todavía frágil.
