La mayoría de los analistas ya no espera bajas de tasas de la FED en 2026
La persistencia de la inflación y la fortaleza del mercado laboral estadounidense cambiaron el panorama. Crece la idea de que el costo del dinero seguirá elevado durante todo el año e incluso algunos ya hablan de futuras subas.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
La Reserva Federal de Estados Unidos mantendría sin cambios su tasa de interés de referencia durante todo 2026, según surge de una encuesta realizada por Reuters entre más de un centenar de economistas. Se trata del primer consenso amplio que aparece este año respecto de la política monetaria estadounidense, en un contexto donde la inflación sigue mostrando una resistencia mayor a la prevista.
La visión del mercado se endureció en las últimas semanas. De hecho, los contratos de futuros ya comenzaron a reflejar la posibilidad de que la Fed termine aplicando al menos una suba de tasas antes de fin de año. El sólido informe de empleo de mayo, conocido el viernes pasado, reforzó esa percepción al mostrar que la economía norteamericana continúa generando puestos de trabajo a buen ritmo.
El principal problema para las autoridades monetarias sigue siendo la inflación. Aunque ya quedó lejos de los máximos alcanzados en años anteriores, los precios continúan creciendo a un ritmo muy superior al objetivo oficial del 2%, mientras la actividad económica se mantiene relativamente firme.
En ese escenario, algunos integrantes del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), el organismo encargado de definir la política monetaria, ya comenzaron a deslizar que podría ser necesario endurecer nuevamente las condiciones financieras si las presiones inflacionarias no ceden.
Ninguno de los especialistas espera modificaciones en la reunión de la Fed prevista para el 16 y 17 de junio, la primera encabezada por su nuevo presidente, Kevin Warsh.
"Será muy difícil que la Reserva Federal encuentre argumentos para bajar las tasas en el corto plazo. Lograr consenso dentro del organismo para avanzar en esa dirección parece una tarea complicada", sostuvo Tom Porcelli, economista jefe de Wells Fargo.
Warsh asumió el cargo impulsado por el presidente Donald Trump, quien durante los últimos meses insistió públicamente en la necesidad de reducir las tasas para estimular la economía. Sin embargo, la realidad de los datos económicos parece estar empujando a la Fed en sentido contrario.
Muchos analistas consideran que el organismo podría abandonar este mes cualquier referencia a una futura flexibilización monetaria. Incluso algunos esperan que las nuevas proyecciones oficiales muestren un escenario de tasas estables o, en ciertos casos, más elevadas que las previstas anteriormente.
El otro problema: la inflación
La preocupación central continúa siendo la inflación. El índice de precios al consumidor habría alcanzado en mayo un 4,2% interanual, el nivel más alto en más de tres años. La inflación subyacente, que excluye componentes volátiles como alimentos y energía, también habría mostrado una aceleración.
Por su parte, el índice de gastos de consumo personal (PCE), la medida de inflación que sigue de cerca la Reserva Federal, llegó al 3,8% anual en abril, el registro más elevado desde mediados de 2023. Las proyecciones indican que permanecerá cerca de esos niveles durante gran parte del año.
Gran parte de estas presiones inflacionarias están vinculadas al aumento de los costos energéticos generado por los conflictos en Oriente Medio. Hace apenas un mes, la mayoría de los economistas consideraba que el impacto sería pasajero, pero esa percepción comenzó a cambiar rápidamente.
La experiencia de 2022 sigue muy presente en la memoria de los bancos centrales. En aquel momento, muchas autoridades monetarias consideraron transitorio el salto de precios provocado por la guerra en Ucrania, pero la inflación terminó siendo mucho más persistente y obligó a implementar uno de los ciclos de suba de tasas más agresivos de las últimas décadas.
Si este escenario se confirma, las consecuencias podrían sentirse mucho más allá de Estados Unidos. Tasas elevadas durante más tiempo suelen fortalecer al dólar, encarecer el financiamiento internacional y generar mayores desafíos para las economías emergentes, que dependen en gran medida del acceso al crédito externo, lo que justamente afectaría a la Argentina.
