Combustibles en alza: la guerra en Irán dispara los precios en todo el mundo
Desde Estados Unidos hasta Medio Oriente y Europa, la suba del petróleo impacta de lleno en la nafta y el gasoil, con aumentos que se sienten cada vez más en bolsillos y empresas.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
El precio de los combustibles viene subiendo casi sin pausa a nivel global, con ajustes que se dan prácticamente hora a hora. Detrás de este escenario aparece un factor central: la guerra en Irán, que tensiona los mercados energéticos y empuja los valores del petróleo hacia arriba.
En Estados Unidos, por ejemplo, el valor de la nafta superó los 4 dólares por galón por primera vez desde el verano de 2022. La suba está directamente vinculada al encarecimiento del crudo en medio del conflicto, tal como consignó The Washington Post.
En Israel, el impacto también es fuerte. El Ministerio de Energía confirmó que la gasolina sin plomo de 95 octanos pasará a costar 8,05 séqueles por litro (unos 2,54 dólares), frente a los 7,02 anteriores. El salto, de casi 15%, responde en gran medida al incremento cercano al 50% en los precios del combustible en la región del Mediterráneo, en sintonía con la escalada global del petróleo.
El nuevo valor, que empieza a regir este miércoles, marca el nivel más alto en más de tres años y medio. De hecho, el último pico había sido en julio de 2022. Frente a este panorama, en Israel ya analizan posibles medidas para amortiguar el impacto, como una baja en los impuestos sobre los combustibles, aunque desde el área económica ponen reparos por el costo fiscal que implicaría en pleno contexto de guerra.
En Italia, el problema se traslada con fuerza al sector productivo. Según la asociación empresarial Confcommercio, las compañías de comercio y servicios enfrentan un incremento significativo en sus costos energéticos. Las boletas de electricidad podrían subir al menos un 8,5% en marzo, y en el peor escenario alcanzar hasta un 13,9% para las pymes en comparación con el promedio de los primeros meses del año.
A eso se suma el gas, que también viene en alza: las estimaciones hablan de subas de entre 30% y 43,5%, dependiendo del escenario. Desde el sector empresarial reclaman medidas más firmes para contener la volatilidad y piden acelerar políticas que ayuden a reducir la dependencia de los precios internacionales.
Mientras tanto, el Gobierno italiano ya aplicó una rebaja temporal de impuestos a los combustibles como parte de un paquete más amplio para aliviar a hogares y empresas, junto con subsidios focalizados y programas para bajar costos.
En los Emiratos Árabes Unidos, la tendencia es incluso más marcada. El comité encargado de fijar los precios anunció fuertes aumentos para abril: la nafta en sus distintas variantes subirá entre un 30% y un 33%, mientras que el diésel tendrá un salto mucho más brusco, superior al 70%.
Este ajuste llega después de una suba más leve en marzo y refleja una aceleración en la dinámica de precios. Los analistas explican que el movimiento responde al avance del crudo Brent, que promedió más de 92 dólares por barril en las primeras semanas del mes, bastante por encima de los valores previos.
En este contexto, la desregulación aplicada por Emiratos desde 2015 hace que los precios internos acompañen de cerca lo que pasa en el mercado internacional, lo que explica la rapidez con la que se trasladan las subas al consumidor.
El escenario global deja en claro que el conflicto en Medio Oriente no solo tiene impacto geopolítico, sino también económico, con efectos directos sobre la energía. A medida que el petróleo se encarece, la cadena de costos se recalienta y termina afectando tanto a consumidores como a empresas.
Para la Argentina, que ya convive con aumentos en combustibles y tarifas, el contexto internacional suma un condimento extra de incertidumbre. Cualquier movimiento en el precio del crudo a nivel global termina repercutiendo, tarde o temprano, en el mercado local y en el día a día de la economía
