Quebró Garbarino: la Justicia puso fin a la emblemática cadena de electrodomésticos
Tras el fracaso del proceso de rescate y sin inversores interesados, el histórico grupo de electrodomésticos entró formalmente en quiebra. La empresa había iniciado su concurso preventivo en 2021 y ya prácticamente no tenía actividad comercial.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
La Justicia comercial resolvió finalmente la quiebra de Garbarino, una de las cadenas más emblemáticas del negocio de electrodomésticos en la Argentina. La decisión fue tomada por el Juzgado Nacional en lo Comercial N°7, luego de que fracasara el intento de salvataje que buscaba evitar la liquidación de la compañía.
La resolución lleva la firma del juez Fernando D’Alessandro y fue dictada el 4 de marzo. En el fallo, el magistrado concluyó que ya no existían condiciones para seguir adelante con el concurso preventivo que la empresa había iniciado en 2021 para intentar ordenar su situación financiera.
Según consta en el expediente, la firma no logró reunir las mayorías necesarias entre sus acreedores para aprobar un acuerdo de reestructuración de deudas. Tampoco prosperó la etapa de “cramdown”, el mecanismo que permite que terceros presenten propuestas para quedarse con la empresa y continuar la operación.
En los hechos, el único interesado anotado en el registro de salvataje —la sociedad financiera Vlinder— nunca presentó una propuesta concreta para hacerse cargo de la compañía. Ante ese escenario, y sin un plan viable sobre la mesa, el juez decidió aplicar lo previsto por la Ley de Concursos y Quiebras y avanzar con la declaración de quiebra.
Intervención judicial y control de los bienes
Con la quiebra ya declarada, la empresa pierde automáticamente el control sobre su patrimonio. A partir de ahora, la administración de sus bienes quedará en manos de la sindicatura designada por el tribunal, que deberá relevar los activos disponibles y avanzar con su eventual liquidación para intentar pagar parte de las deudas.
El juez dispuso además mantener la inhibición general de bienes y ordenar notificaciones a distintos registros públicos —como los de inmuebles, automotores y marcas— para detectar cualquier activo que pueda estar a nombre de la empresa.
La medida también se extendió a la provincia de Tierra del Fuego, donde Garbarino tenía participación accionaria en compañías vinculadas históricamente a la industria electrónica, como Tecnosur y Digital Fueguina.
Cierre de locales y reclamos de acreedores
Otro de los puntos clave del fallo tiene que ver con los pocos locales que todavía seguían asociados a la marca. El juzgado ordenó verificar la situación y eventualmente clausurar tres puntos de venta que aún figuraban en el expediente.
Se trata de las sucursales ubicadas sobre la avenida Cabildo, en el barrio porteño de Belgrano; el local de la calle Uruguay, en pleno centro de la Ciudad de Buenos Aires; y un outlet ubicado en Almagro.
Una empresa histórica que se va para siempre
La quiebra de Garbarino marca el cierre judicial de una empresa que durante décadas ocupó un lugar central en el comercio minorista argentino. Fundada en 1951, la compañía llegó a convertirse en uno de los principales vendedores de electrodomésticos del país. En su momento de mayor expansión llegó a manejar cerca del 30% del mercado, con más de 300 sucursales distribuidas en todo el territorio nacional.
Además, el grupo contaba con negocios vinculados como Compumundo y Garbarino Viajes, además de fábricas asociadas en Tierra del Fuego. En ese período de crecimiento llegó a emplear a más de 5.000 personas.
Con el paso del tiempo, sin embargo, una combinación de factores fue deteriorando su situación. Problemas financieros acumulados, caída del consumo, cambios en los hábitos de compra y dificultades para acceder a financiamiento golpearon de lleno a la compañía.
La venta de la empresa en 2020 al empresario Carlos Rosales —quien prometía un plan de rescate— no logró revertir la crisis. Con el correr de los años, la operación se fue reduciendo drásticamente.
Los informes judiciales indicaban que en la actualidad la firma contaba con menos de 20 empleados, apenas tres locales activos y niveles de facturación muy bajos, sin capacidad financiera para sostener el negocio.
El desenlace deja fuera del mapa corporativo a una de las marcas más reconocidas del comercio argentino, y confirma el final de un largo proceso de deterioro que se fue desarrollando durante más de cuatro años en los tribunales comerciales.
