Petróleo argentino: la producción sigue en niveles históricos y Vaca Muerta empuja el crecimiento
Con un salto interanual cercano al 16%, el país consolida su perfil como jugador energético en medio de un escenario global atravesado por tensiones y precios en alza.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
La producción de petróleo en Argentina volvió a mostrar números muy altos en febrero, apalancada sobre todo por el desarrollo de Vaca Muerta, en un contexto internacional cargado de incertidumbre y subas en los valores de la energía. Según un informe privado del sector, el país alcanzó los 874.000 barriles diarios, lo que implica un crecimiento interanual del 15,9%.
Este avance sostenido ubica a la Argentina como un actor cada vez más relevante dentro del mapa energético regional. Todo esto ocurre en un escenario global condicionado por conflictos geopolíticos, especialmente en Medio Oriente, donde la tensión entre Estados Unidos e Irán agrega presión sobre los mercados.
Vaca Muerta, el corazón del crecimiento
El reporte de RICSA ALyC remarca el peso determinante de Vaca Muerta en la expansión del sector. Hoy, la formación explica el 68% del petróleo y el 56% del gas que se produce en el país, con 4.470 pozos en actividad.
Dentro de este esquema, la Cuenca Neuquina concentra el 77,4% de la producción total de crudo, con un salto del 30,4% respecto del mismo período del año pasado. Los datos confirman la consolidación del desarrollo no convencional como principal motor de la oferta energética local.
El avance en esta región no solo incrementa la disponibilidad de energía para el mercado interno, sino que además potencia la capacidad exportadora, en un mundo que busca diversificar sus proveedores frente a los riesgos geopolíticos.
Precios en alza por la tensión internacional
A nivel global, el precio del petróleo viene mostrando una fuerte volatilidad, impulsada por la escalada del conflicto en Medio Oriente. En ese marco, el barril de Brent superó los u$s100 —algo que no ocurría desde 2022— y llegó a tocar los u$s119 tras los últimos episodios en la región.
Uno de los factores clave detrás de esta suba es el temor a interrupciones en el suministro mundial, sobre todo ante la posibilidad de bloqueos en el estrecho de Ormuz, un punto estratégico por donde pasa cerca del 20% del petróleo global.
En paralelo, el crudo WTI también acompañó la tendencia alcista. El informe advierte que, si las restricciones se extienden, los precios podrían acercarse a los u$s150 por barril. Frente a este escenario, la Agencia Internacional de Energía liberó 400 millones de barriles de reservas estratégicas para intentar moderar la volatilidad, aunque con un efecto limitado en el tiempo.
Una ventana de oportunidad para el país
En este contexto, Vaca Muerta aparece como una carta fuerte para posicionar a la Argentina como proveedor confiable de energía. El informe señala que el país gana visibilidad justo cuando los mercados buscan reducir su dependencia de Medio Oriente.
Los precios internacionales más altos mejoran la competitividad de las exportaciones locales y abren la puerta a proyectos clave como el Gas Natural Licuado (GNL), con foco en mercados de alta demanda como Europa y Asia.
A su vez, el gas natural también registra subas importantes —superiores al 40% en Europa— debido a problemas en la producción en Qatar y limitaciones logísticas en el Golfo Pérsico, lo que refuerza el valor estratégico de los recursos argentinos.
En el plano interno, el crecimiento de Vaca Muerta y la Cuenca Neuquina se traduce en una mayor oferta energética tanto para el consumo local como para exportación. Sin embargo, sostener esta dinámica exige avanzar en obras de infraestructura clave, sobre todo en transporte y procesamiento.
La posibilidad de que Argentina se afiance como proveedor estratégico va a depender, en gran medida, de mantener este ritmo productivo y de aprovechar un escenario internacional marcado por alta demanda y cambios en los flujos comerciales de energía.
Además, el contexto internacional seguirá siendo un factor determinante: si las tensiones se mantienen y la demanda global continúa firme, Argentina tendrá una oportunidad concreta de consolidarse como un proveedor clave, siempre y cuando logre capitalizar este impulso con políticas de largo plazo.
