El Banco Mundial prevé un aumento del 16% en los precios de las materias primas en 2026 por el conflicto en Medio Oriente
El informe señala que la guerra provocó un fuerte alza en la energía y fertilizantes, encareciendo los alimentos y afectando especialmente a los países en desarrollo y a los sectores agrícolas.
El Banco Mundial proyecta que los precios de las materias primas aumentarán un 16% durante 2026. Aseguran que esto es una consecuencia directa del conflicto en Medio Oriente que impacta especialmente en la energía y los fertilizantes, elementos clave para la producción agrícola y el abastecimiento global de alimentos.
El informe Commodity Markets Outlook destaca que los ataques contra infraestructuras energéticas y el bloqueo del Estrecho de Ormuz, por donde transita alrededor del 35% del petróleo crudo transportado por mar, causaron una reducción inicial de aproximadamente 10 millones de barriles diarios en la oferta mundial de combustible. Aunque esta disminución se ha moderado, el precio del petróleo Brent sigue siendo un 50% más alto que a comienzos de 2026.
Según el Banco Mundial, se espera que el barril de petróleo promedie USD 86 en 2026, frente a los USD 69 de 2025, bajo la hipótesis de que las interrupciones más graves terminen en mayo y el transporte marítimo retorne paulatinamente a niveles previos al conflicto hacia fin de año. Sin embargo, si las instalaciones petroleras sufren más daños y las exportaciones se retrasan, el precio podría escalar hasta USD 115 por barril.
Indermit Gill, economista jefe y vicepresidente senior de Economía del Desarrollo del Banco Mundial, sostuvo que “la guerra está golpeando la economía mundial en oleadas acumulativas: primero a través de precios más altos de la energía, luego de alimentos más caros y, finalmente, de una mayor inflación, lo que elevará las tasas de interés y elevará el costo de endeudamiento”. Gill agregó que “las personas más pobres, que destinan la mayor parte de sus ingresos a alimentos y combustibles, serán las más afectadas, al igual que las economías en desarrollo que ya enfrentan pesadas cargas de deuda. Todo esto es un recordatorio de una dura verdad: la guerra es el desarrollo en reversa”.
En el caso de Argentina, aunque el aumento en los precios de los commodities representa un mayor ingreso de divisas por su perfil exportador, también eleva los costos del sector agrícola y reduce sus márgenes de ganancia. El Banco Mundial estima que los fertilizantes subirán un 31% este año, con la urea aumentando un 60%. Esta situación afectará la asequibilidad de los insumos agrícolas, que alcanzará su nivel más bajo desde 2022, poniendo en riesgo las próximas cosechas.
La Sociedad Rural Argentina informó que en marzo la urea aumentó un 42% en el mercado local y señaló que el alza en los combustibles incrementa el costo de cosecha en un 3,3%, mientras que los fletes se encarecen entre un 6% y 7%. Estos factores presionan fuertemente sobre la rentabilidad del sector agrícola.
El Banco Mundial alertó que si la guerra se prolonga y los precios de los alimentos continúan en aumento, hasta 45 millones de personas adicionales podrían enfrentar inseguridad alimentaria aguda en 2026. En Argentina, durante marzo, alimentos y bebidas subieron un 3,4%, cifra alineada con la inflación general y moderada parcialmente por el congelamiento de precios de combustibles en YPF durante 45 días.
Las tensiones geopolíticas persistentes podrían complicar las cadenas de suministro, dificultando que los costos elevados no se trasladen a los consumidores finales. En los países en desarrollo, la inflación se proyecta en un 5,1% para 2026, un punto porcentual más que la previsión previa al conflicto y superior al 4,7% registrado en 2025.
Además, se espera que el crecimiento económico se reduzca en 0,4 puntos respecto a las estimaciones de enero. Ayhan Kose, economista jefe adjunto del Banco Mundial y director del Grupo de Perspectivas, remarcó que “la sucesión de shocks a lo largo de la década redujo drásticamente el margen fiscal disponible para responder a la actual crisis histórica de suministro energético”.
Por ello, Kose recomendó que los gobiernos eviten “medidas fiscales amplias y no focalizadas que podrían distorsionar los mercados y erosionar los colchones fiscales” y, en cambio, se enfoquen en brindar “un apoyo rápido y temporal dirigido a los hogares más vulnerables”. El informe subraya que la creciente volatilidad en los mercados internacionales podría prolongar la incertidumbre económica, dificultando la recuperación global y aumentando la vulnerabilidad de las poblaciones más pobres y dependientes de importaciones.
