El dólar vuelve a estar bajo fuego en el mundo
Gran parte de esta caída vino acompañada de un contexto geopolítico y de políticas económicas muy volátil desde Washington.
Por Gonzalo Andrés Castillo
Redactor especialista en finanzas y mercado de capitales
En 2026, el dólar estadounidense volvió a experimentar una fuerte presión a la baja en los mercados internacionales, dejando sorprendidos a muchos inversionistas que suponían estabilidad para la moneda de reserva global.
Durante las primeras semanas del año, el dólar inició su mayor caída de tres días contra una canasta de monedas importantes desde abril del año anterior, generando preocupaciones entre bancos centrales, gestores de fondos e instituciones financieras.
Gran parte de esta caída vino acompañada de un contexto geopolítico y de políticas económicas muy volátil desde Washington. En los últimos meses, el presidente estadounidense Donald Trump tomó medidas inesperadas como amenazas arancelarias a aliados comerciales, presiones sobre la independencia de la Reserva Federal (Fed) y acciones que tensaron relaciones con varios socios internacionales.
Estas decisiones, según analistas, socavaron la confianza de los mercados en la fortaleza tradicional del dólar como activo de refugio.
Además, una serie de eventos recientes —desde amenazas comerciales sobre Groenlandia hasta tensiones con Canadá y la acusación penal contra el presidente de la Fed, Jerome Powell— generaron una percepción de mayor riesgo político que económico, empujando a inversionistas a reevaluar sus posiciones en activos denominados en dólares.
El papel de la política monetaria también fue crucial. La expectativa de que la Fed recortará las tasas de interés al menos dos veces este año, mientras otros bancos centrales mantienen o incluso elevan sus tasas, redujo el atractivo del dólar frente a otras monedas.
El hecho de que Powell esté programado para dejar su cargo en mayo y que las apuestas para un sucesor con enfoque más dovish hayan crecido significativamente también presionó a la divisa.
Este entorno ha favorecido movimientos de capital hacia otros mercados y activos refugio. Por ejemplo, monedas como el euro, la libra esterlina y el franco suizo superaron en rendimiento al dólar, mientras que activos tradicionales seguros como el oro alcanzaron máximos históricos, reflejando la aversión al riesgo global.
A pesar de este debilitamiento, en términos comerciales el índice dólar (DXY) solo perdió alrededor de 5,3% en los últimos 12 meses, lo que sugiere que el retroceso no fue tan extremo en el largo plazo pero sí significativo en el corto.
