El 98% de los inversores en oro no posee en realidad un lingote
Según Björn Schmidtke, CEO de la empresa de tesorería de oro Aurelion, la mayoría de los inversores no compró barras o lingotes tangibles, sino ’oro de papel’.
Por Gonzalo Andrés Castillo
Redactor especialista en finanzas y mercado de capitales
A medida que el precio del oro se disparó más de 80% en los últimos 12 meses, convirtiéndose en uno de los activos de mejor rendimiento del mercado, surge una paradoja interesante en la industria de las inversiones: aproximadamente 98% de las personas que dicen invertir en oro no poseen oro físico real, sino representaciones financieras del metal.
Según Björn Schmidtke, CEO de la empresa de tesorería de oro Aurelion, la mayoría de los inversores no compró barras o lingotes tangibles, sino ’oro de papel’ — instrumentos financieros diseñados para seguir el precio del metal sin que el comprador tenga nunca la propiedad directa de un lingote.
Este término se aplica a productos como ETF respaldados por oro, acciones de fondos de inversión o derivados vinculados al precio del metal. Cuando un inversor compra un ETF de oro, por ejemplo, cree que está “comprando oro”, pero lo que realmente obtiene es un título financiero que representa una promesa de valor, no una barra con un sello de autenticidad guardada en una bóveda para ese inversor.
Este sistema ha funcionado durante décadas porque muy pocos inversores demandan la entrega física de su oro. Sin embargo, Schmidtke advierte que esto podría ser un problema serio en situaciones extremas (como crisis económicas o una fuerte devaluación de monedas fiduciarias).
En un escenario de pánico —una especie de “evento sísmico” según las palabras de Schmidtke— muchos inversores intentarían convertir sus activos financieros en oro físico al mismo tiempo. Pero la realidad logística es dura: no se puede mover miles de millones de dólares en lingotes de oro en un solo día, y sin pruebas claras de propiedad física, la entrega podría atascarse.
Esto podría provocar que el precio del oro físico suba mucho más que el de los instrumentos financieros vinculados a su precio, generando una brecha peligrosa entre ambos mercados y dejando a muchos con activos que no pueden liquidar al valor esperado.
