Groenlandia, Europa y poder: el discurso de Trump que incomodó a medio Davos

Entre aplausos, advertencias y frases filosas, el presidente de Estados Unidos tensó la cuerda con la UE y la OTAN. Habló de hielo, poder, negocios y guerras, y dejó en claro que no piensa bajar un cambio.

Por Eric Nesich

Periodista especializado en Economía y Finanzas

Hace 4 horas

En un clima cargado de electricidad, Donald Trump se subió al escenario del Foro Económico de Davos y terminó diciendo justo lo que, según él, pensaba dejar afuera. “Quieren que hable de Groenlandia, lo iba a dejar afuera del discurso”, arrancó, como quien se hace rogar pero ya tiene el título listo. El problema es que su obsesión por quedarse con la isla más grande del planeta ya detonó una crisis con Europa y la OTAN, y en Suiza volvió a meter el dedo en la llaga.

 

“Estoy pidiendo un pedazo de hielo, para la protección del mundo. Es algo muy pequeño comparado con todo lo que le he damos durante tantas décadas”, lanzó, sin ponerse colorado. Y enseguida dejó la advertencia flotando en el aire: “Pueden decir 'sí' y estaremos muy agradecidos, pueden decir 'no'... y lo recordaremos”. Eso sí, aclaró que “no usará la fuerza” para quedarse con Groenlandia, como si eso alcanzara para calmar a sus aliados.

 

Trump dijo tener “absoluto respeto por el pueblo de Groenlandia y por el pueblo de Dinamarca”, pero enseguida metió presión con el manual OTAN en la mano: “todo aliado de la OTAN tiene la obligación de defender su propio territorio”. Y sin vueltas anunció: “Estoy buscando negociaciones inmediatas para adquirir Groenlandia”.

 

La embestida siguió con una definición que en Europa cayó como baldazo de agua fría. “Lo cierto es que ninguna nación ni grupo de naciones está en condiciones de proteger Groenlandia, salvo Estados Unidos”, afirmó, antes de rematar con ego XXL: “Somos una gran potencia, mucho mayor de lo que la gente siquiera imagina”.

 

Europa tampoco zafó del reto público. “Amo a Europa, quiero verla prosperar pero no va en la dirección correcta”, dijo, y agregó que “los lugares de donde venimos pueden mejorar mucho si siguen nuestro ejemplo, porque hay lugares en Europa que ya ni siquiera son reconocibles”.  Un cachetazo directo a las políticas migratorias de la última década que cambiaron demográficamente a Europa.

Trump entró a Davos entre aplausos y saludó a líderes empresariales, amigos y, según él mismo dijo, “algunos enemigos”. “Vengo con noticias fenomenales desde Estados Unidos”, arrancó, con un discurso pensado más para la tribuna local que para los banqueros suizos. “La economía está en auge”, sentenció, sin espacio para matices.

 

También hubo capítulo latinoamericano. Trump habló de Venezuela y aseguró que, tras la intervención de su gobierno, el país va camino a despegar. “Venezuela va a tener un éxito rotundo”, repitió como mantra. Dijo que “hace 20 años era un gran país y ahora tiene problemas, pero los estamos ayudando” y que los nuevos líderes se sentaron a negociar “una vez que terminó el ataque”.

 

En clave económica, se jactó de haber reducido el déficit comercial mensual de Estados Unidos en un 77% sin inflación y de haber firmado acuerdos históricos que cubren el 40% del comercio del país, incluidos pactos con Europa, Japón y Corea del Sur, sobre todo en petróleo y gas. Según Trump, eso generó riqueza y disparó las bolsas. “Cuando Estados Unidos sube, ustedes también”, avisó.

 

Sobre Ucrania, pidió cortar la sangría. “La OTAN tiene que terminar esa guerra”, afirmó. “Tienen que detener esa guerra porque muere demasiada gente, muere innecesariamente”, dijo, asegurando que tanto Putin como Zelenski quieren acordar. Prometió apoyo total a la OTAN, aunque dejó flotando una duda incómoda: no sabe si los aliados harían lo mismo por Estados Unidos.

 

Trump volvió a hacer historia en Davos, no solo por lo que dijo sino por estar ahí. A diferencia de otros presidentes estadounidenses, es el que más veces asistió al foro, rompiendo la tradición de evitar ese escenario visto como un club de élite. Mientras otros mandatarios preferían mandar emisarios, él va en persona, con delegación numerosa y micrófono en mano.

 

El mensaje final quedó clarísimo: Trump no fue a Davos a pasar desapercibido ni a hacer diplomacia suave. Fue a marcar territorio, a desafiar a Europa en su propia casa y a dejar en claro que, le guste a quien le guste, Estados Unidos —según su visión— sigue manejando el volante del mundo. Y si alguien no está de acuerdo, ya avisó: se va a acordar.

 

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