Nafta bajo presión: Subió un 20% en marzo pero casi el 50% del precio son impuestos
El combustible ya ronda los $2.000 tras un fuerte ajuste en marzo. El contexto internacional mete presión, pero la carga impositiva explica buena parte del valor en surtidor.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a sacudir el tablero energético global y el impacto ya se siente en los bolsillos locales. Con el barril de Brent por encima de los u$s100, el precio de los combustibles en Argentina pegó un salto que se trasladó directo a los surtidores.
En lo que va del mes, la nafta acumuló un incremento cercano al 19% y ya se ubica en torno a los $2.000 por litro. Si se mira el último año, la suba fue todavía más marcada: llegó al 63,6%, muy por encima del ritmo de la inflación acumulada, que ronda el 33,1%.
Sin embargo, no todo responde al valor internacional del crudo. Un informe de la consultora Focus Market pone el foco en otro componente clave: la carga impositiva. Según el relevamiento, el 46,6% del precio final que paga el consumidor corresponde a tributos, distribuidos entre Nación (41,5%), provincias (3%) y municipios (2,1%).
Desde YPF, su CEO Horacio Marín buscó poner en contexto los aumentos: “la actualización de precios solo refleja el mayor costo de refinación por la compra de crudo no propio. Es un ajuste transitorio y, a nivel internacional, uno de los más bajos: En otros países los incrementos han sido al menos tres veces mayores”.
Más allá de esa explicación, el precio en el surtidor se arma con varias piezas. No sólo influye el costo del petróleo, sino también los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono, que además funcionan como una herramienta de recaudación fiscal.
Dentro de esos gravámenes, hay una distribución particular. Una parte va al Tesoro Nacional, otra a la ANSES, también hay fondos destinados a infraestructura hídrica y vivienda, además de recursos que se giran a las provincias. En muchos casos, esos ingresos terminan financiando obras viales y proyectos energéticos.
En este escenario, cada movimiento del precio internacional del crudo se amplifica a nivel local, no solo por el costo en sí, sino por el efecto cascada que genera sobre los impuestos. Por eso, cuando el barril sube, el impacto en el surtidor suele ser inmediato.
De cara a lo que viene, el mercado seguirá atento a la evolución del conflicto en Medio Oriente. Si la tensión escala, el petróleo podría sostenerse en niveles altos y mantener la presión sobre los combustibles. En cambio, una distensión podría traer algo de alivio, aunque difícilmente implique bajas bruscas.
Mientras tanto, el debate sobre la estructura impositiva vuelve a escena. Con casi la mitad del precio explicada por tributos, cualquier intento de moderar los valores al consumidor también pasa por discutir cuánto pesa el Estado en cada litro que se carga.
