Educar, aunque el gobierno se oponga

¿Qué se puede esperar de un gobierno que le niega la educación a su pueblo? 

 

Si algo aprendimos de las restricciones impuestas durante la cuarentena, es que a nuestros gobernantes les importa poco la educación de nuestros hijos.

 

Mientras se volvían a encender las luces de los casinos, los cines y los actos políticos, todavía no existen certezas que vuelvan las clases presenciales en todas las provincias. Nunca hubo apuro en buscar una solución para que nuestros hijos vuelvan clases, mientras que sí hubo total disposición a inútiles actos políticos a lo largo y ancho de todo el país.

 

Volver a clases presenciales es posible: en muchos países se han abierto nuevamente las escuelas siguiendo los protocolos sanitarios necesarios, porque entienden que la educación de los niños y adolescentes es asunto serio. El problema es que de nada sirven los comités y los expertos en diseñar protocolos si las familias argentinas siguen siendo rehenes de los mafiosos sindicalistas, de la terrible falta de infraestructura edilicia y de conectividad y de los caprichos dictatoriales de los gobernantes provinciales. En resumen, no se pueden garantizar clases presenciales ni clases virtuales. 

 

Algunos esgrimen que esto será posible cuando nos aseguremos la disponibilidad de la vacuna, una vacuna de la cual el gobierno nacional no puede prometer que mantenga la cadena de frío necesaria hasta llegar a destino, mucho menos su acceso para todos. Sinceramente, si dependemos de la llegada de la vacuna a cada rincón del país, nuestros hijos están condenados a la ignorancia, a la mediocridad y a la falta de oportunidades.

 

¡Ya nos cansamos de esperar! Si nuestros gobernantes mantienen las escuelas cerradas, los educaremos nosotros. Bien harían en darnos las escuelas que no van a usar, dado que son muchos los docentes y profesionales que darían clases gustosamente hasta que los ministerios de Educación decidan despertarse.

 

Si la educación está reconocida como un derecho, y quienes deben garantizar el acceso a la misma no son capaces ni quieren hacerlo, es hora de tomar el asunto en nuestras propias manos. Recordemos que la misma ley que establece a la educación como derecho y prioridad nacional, también reconoce a la familia como agente natural y primario de las acciones educativas. Nuestras leyes reconocen que la responsabilidad prioritaria de asegurar que el ejercicio de los derechos de los niños y adolescentes recae sobre la familia.

 

Es tiempo de dejar de esperar que la casta política muestre interés por nosotros y de ocuparnos de asegurar la educación de nuestros hijos. Que ellos sigan deliberando sobre a qué familiar ponen a trabajar en el Estado, cuánta libertad de acción le dan a las mafias sindicales y qué nueva ley prohibitiva nos imponen, ¡nosotros nos ocuparemos del bienestar de los nuestros! 

 

Es la hora de la organizaciones civiles, de las redes comunitarias y de las formas de educación alternativa. Es hora de recuperar el control sobre el presente y futuro de nuestros hijos.

 

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