Cómo hacer para terminar de una vez por todas con la inflación

En Argentina las causas de la inflación combinan inconsistencias monetarias y fiscales 

Por Alejandro Vanoli

Economista. Ex Presidente del BCRA

 

La inflación es uno de los principales problemas de la Argentina. Más allá del dato descendente de mayo, creo importante desarrollar cinco requisitos para combatirla de raíz.

 

El primero y principal es contar con un buen diagnóstico que identifique todos los factores que generan inflación. La misma no es responsabilidad exclusiva de los formadores de precios, ni de la evolución de una única variable monetaria.

 

Una vez, establecido esto, en segundo lugar la necesidad de un plan con metas y objetivos que sean mensurables y consistentes.

 

En tercer lugar, la gradualidad como una manera realista de bajar la inflación mientras se acomodan precios relativos, dado el particular contexto global y local que estamos atravesando. Es decir, contextualizar los procesos inflacionarios y las posibilidades políticas de corregirlos.

 

Cuarto, que el objetivo se logre en forma sostenida. Porque más importante que los niveles absolutos o un buen resultado de corto plazo, es que se concrete una reducción que se mantenga en el tiempo y eso permita un sendero de cierta certidumbre.

 

Quinto y no menos importante es que la política antinflacionaria sea económica, política y socialmente sostenible, si bien la baja de una inflación alta tendría elementos reactivantes, el plan debe contar con consenso social y no ir en desmedro del crecimiento y la inclusión.

 

El diagnóstico

Ampliemos un poco el contenido de estos cinco elementos. Respecto al diagnóstico, es necesario alejarse de explicaciones mono causales, simplistas y formulaciones abstractas que no tengan contacto con la realidad.

 

En Argentina las causas de la inflación combinan inconsistencias monetarias y fiscales que son reflejadas por una visión ortodoxa, pero también cuestiones estructurales y de costos como sostiene el pensamiento "heterodoxo". Además hay componentes de inercia inflacionaria y de expectativas que incluyen con distinto énfasis y alcance ambos enfoques.

 

Un plan consistente

El segundo factor: un plan consistente debe atacar en forma simultanea todos las causas incluyendo políticas y cuestiones institucionales. La experiencia de 2018 y 2019, pero también la de estos últimos meses, muestra que no alcanza con reducir la emisión monetaria y el déficit fiscal si no se incluyen otros aspectos macro y microeconómicos. Eso no implica minimizar la importancia de los equilibrios macro, sobre todo en una economía muy dolarizada y con restricción externa.

 

En estos meses se ha apelado a tres anclas: cambiaria, con una tasa de devaluación descendente; ingresos, con paritarias que recuperan unos puntos de salario real, y el ancla tarifaria.

La caída en las ventas de supermercados refleja que la demanda interna no está alimentando el proceso inflacionario. Además la capacidad instalada ha subido pero aún hay margen para que la oferta se incremente sin generar presiones inflacionarias.

 

Los factores que explican la inflación

Actualmente hay cuatro factores determinantes que explican la alta inflación. La suba en el precio de los alimentos, la recomposición de márgenes en un mercado con problemas de competencia, inercia inflacionaria y especialmente expectativas.

 

El aumento en los alimentos y otras materias primas aceleró fuertemente la inflación global en estos meses. Llegó al 5% en EE.UU y al 8% en Brasil, su mayor valor en 5 años. Obviamente niveles significativamente menores al de nuestro país, pero lo cierto es que la inflación se está duplicando en el mundo y eso presiona también en Argentina.

 

Hay una recomposición de márgenes, necesaria en sectores que han tenido una fuerte caída de rentabilidad el año pasado e injustificada en ciertos casos donde deben investigarse posibles abusos en la posición dominante. Existen serios problemas históricos en la cadena de comercialización que hacen que desde el precio que recibe el productor a la góndola haya valores que se multiplican por siete veces o más, lo cual requiere revisar integralmente costos privados y públicos.

 

La inercia producto de 10 años de elevada inflación, muy elevada desde 2018, explica cerca de un 40% de la inflación. Los planes de estabilización Austral y Convertibilidad incluyeron el desagio, retrotraer precios y prohibir la indexación como formas de evitar la reproducción inflacionaria. Más allá del mérito y limitaciones de ambos planes algo que quiebre la inercia debe hacerse.

 

Las expectativas de inflación, muy ligadas a las de devaluación y a la incertidumbre que genera aumentos precautorios son un factor central. Es necesario un cambio de escenario que haga creíble la política antiinflacionaria.

 

Gradualidad con sostenibilidad

El tercer y cuarto elemento reflejan la necesidad de gradualidad con sostenibilidad. Si bien teóricamente un shock tendría un efecto potente en el corto plazo, los desequilibrios acumulados hacen que se cristalicen precios relativos injustos y un shock sea políticamente inviable.

 

Así es más importante lograr en forma creíble y sostenida una baja de 5 a 7 puntos porcentuales por año, en el marco de un plan económico integral que con resultados conseguibles restaure la credibilidad.

 

Un acuerdo político y social

El quinto y crucial punto es lograr un acuerdo político económico y social que genere consensos dinámicos. Es decir compromisos de todos los actores, sector público, empresarios y sindicatos que den certidumbre a la trayectoria de las variables económicas que de cada uno dependa, y se determine cómo armonizar en forma flexible eventuales desvíos por cambios en variables externas al programa.

 

No basta, más allá de ser esenciales, un programa consistente, un contundente respaldo político del Gobierno al mismo y una buena gestión técnica; hace falta que haya claros incentivos para que todos los actores se comprometan con el éxito del plan.

 

Así es crucial tomar un conjunto de medidas simultáneas para frenar la inercia inflacionaria, promover la competencia y generar expectativas favorables con un cronograma temporal de desinflación gradual y sincronizada.

 

La inflación podrá bajar en forma profunda y duradera si se puede lograr una síntesis que recoja los frutos del aprendizaje colectivo, contemple nuestra estructura y realidad económica y sea exitosa en cambiar las expectativas del colectivo social en el marco de un acuerdo que limite conductas individualistas y concilie la reducción de la inflación, con crecimiento y equidad social.