¿Quién le pone nota a los países? Las tres que controlan el 95% del mercado de deuda

Moody's, Standard & Poor's y Fitch Ratings —las tres fundadas hace más de un siglo y con sede en Nueva York y Londres— controlan en conjunto el 95% del mercado mundial de calificaciones.

 

En el sistema financiero global, pocas instituciones concentran tanto poder sobre tan pocas manos como las agencias de calificación crediticia. Moody's, Standard & Poor's y Fitch Ratings —las tres fundadas hace más de un siglo y con sede en Nueva York y Londres— controlan en conjunto el 95% del mercado mundial de calificaciones. No por mandato legal ni por patente exclusiva, sino por reputación acumulada durante décadas que ningún competidor ha podido replicar. Esa reputación se traduce en un bien escaso en finanzas: confianza. Un banco que va a prestarle miles de millones de dólares a un país o a una corporación no confía en una agencia con tres años de historia. Confía en la que lleva cien años calificando sin interrupciones. Es la misma lógica que hace casi imposible desafiar a un estándar consolidado en sectores donde la confianza es el producto central.

 

El mecanismo que hace tan relevante a estas agencias es preciso: existe una sola línea que divide el universo de la deuda en dos mundos con reglas distintas. De un lado, los activos con grado de inversión —desde BBB– hacia arriba—; del otro, los denominados junk o deuda especulativa. Esta distinción no es solo semántica. Grandes fondos institucionales —pensiones, fondos soberanos, aseguradoras— tienen en sus estatutos la prohibición de mantener activos que caigan por debajo del umbral de inversión. Cuando un bono o la deuda soberana de un país pierde esa calificación, esas instituciones se ven obligadas a vender de forma automática, independientemente de su propia evaluación del activo. El resultado es una cascada de ventas que puede mover billones de dólares en cuestión de horas. En agosto de 2011, cuando S&P le bajó la nota crediticia a los Estados Unidos por primera vez en la historia, los mercados globales cayeron entre un 4% y un 7% en una sola jornada.

 

Sin embargo, el sistema carga con una contradicción estructural que la crisis financiera de 2008 dejó expuesta ante el mundo. El modelo de negocio de las agencias descansa en que el propio calificado financia al calificador: quien quiere que su bono o su deuda soberana reciba una nota, paga por esa calificación. El incentivo implícito es transparente: una agencia que aplica criterios demasiado estrictos pierde contratos; una que los flexibiliza los conserva. En los años previos a 2008, esta dinámica se manifestó en su versión más extrema: bonos estructurados respaldados por hipotecas de altísimo riesgo —otorgadas a deudores sin capacidad real de pago— obtuvieron calificaciones AAA de Moody's y S&P, la misma nota que recibe el Tesoro de los Estados Unidos. Cuando el mercado inmobiliario colapsó, esos instrumentos arrastraron consigo a fondos, bancos y portfolios de inversión de todo el mundo. La Comisión investigadora del Senado americano documentó que analistas internos de las agencias conocían las deficiencias de sus modelos. Las consecuencias institucionales fueron multas y mayor supervisión regulatoria. El modelo de fondo no cambió.

 

Para el inversor que opera en el mercado local, comprender la lógica de las calificaciones crediticias tiene implicancias prácticas concretas. Al evaluar una Obligación Negociable, la calificación del emisor es el primer filtro de riesgo: un instrumento con nota BBB+ se encuentra en el límite inferior del grado de inversión, mientras que uno calificado BB ya cotiza en terreno especulativo, con tasas de rendimiento mayores que reflejan ese riesgo adicional. Igualmente relevante es prestar atención a las perspectivas que acompañan cada calificación: una perspectiva negativa anticipa una posible baja de nota en los próximos doce a veinticuatro meses y constituye una señal temprana que el mercado suele incorporar antes de que la rebaja se materialice. Las calificaciones son un dato útil, no la verdad absoluta; el inversor informado las usa como un input entre varios. En Bull Market Brokers, los instrumentos de renta fija disponibles incluyen sus calificaciones para que cada decisión de inversión pueda tomarse con la mayor información posible.

 

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