La infraestructura invisible de la IA: cuatro CEDEARs que cubren toda la cadena

Este análisis examina cada una de ellas y su relevancia para el inversor orientado al sector tecnológico.

 

La irrupción de la inteligencia artificial como fuerza productiva central de la economía global ha desplazado la atención inversora hacia un pequeño número de compañías —fundamentalmente NVIDIA— que capturan el imaginario colectivo. Sin embargo, la IA no es un chip aislado: es un sistema completo que requiere capas de infraestructura sin las cuales ningún modelo puede operar. En mayo de 2026, la Comisión Nacional de Valores de Argentina autorizó trece nuevos CEDEARs, entre los que figuran cuatro empresas que cubren cada una de esas capas: ciberseguridad, redes de alta velocidad, capacidad de cómputo y almacenamiento de alta performance.

 

Este análisis examina cada una de ellas y su relevancia para el inversor orientado al sector tecnológico.

 


CrowdStrike (CRWD) representa la defensa del ecosistema de IA. Su plataforma Falcon protege endpoints, nubes e identidades mediante un agente liviano que alimenta con datos a una inteligencia artificial central capaz de detectar amenazas antes de que se materialicen. En 2026, la compañía superó los USD 5.250 millones en ingresos anuales recurrentes —ARR— con un crecimiento del 24% interanual, sostenido por un modelo de suscripción SaaS que expande ingresos sobre la misma base de clientes. Su ventaja competitiva reside en la inteligencia colectiva: millones de endpoints enviando datos a la misma plataforma hacen al sistema más preciso con cada ataque detectado. Arista Networks (ANET) aborda el problema de la red interna de los data centers: los clusters de GPUs que entrenan modelos de gran escala generan tráfico que destruiría cualquier infraestructura convencional. Con un margen operativo que ronda el 40% —el doble del que exhibe Cisco— y clientes como Amazon, Microsoft, Google y Meta, Arista gana cuota de mercado a su competidor histórico de forma sistemática.

 


Nebius Group (NBIS) ocupa la capa del cómputo. Surgida en 2024 como escisión del negocio internacional de Yandex y radicada en los Países Bajos, la compañía opera data centers con miles de GPUs NVIDIA H100 y H200, ofreciendo capacidad de entrenamiento a empresas que no quieren depender de los grandes hyperscalers. En un contexto de cuello de botella global en chips de IA, cualquier proveedor independiente con acceso a esa capacidad resulta estructuralmente valioso. En 2025, Nebius creció más del 100% interanual, aunque mantiene el perfil de una empresa en fase de inversión, con quema de caja y riesgo de ejecución significativos. SanDisk (SNDK), escindida de Western Digital en 2025, cierra la cadena con el almacenamiento. En la era de la IA, la demanda de memoria flash NAND de alta velocidad es estructuralmente distinta: un modelo de gran escala requiere guardar cientos de gigabytes de pesos, y los datos de entrenamiento pueden ocupar petabytes —volúmenes que los discos duros convencionales no están en condiciones de manejar.

 

El conjunto de estas cuatro compañías permite construir exposición a la cadena de valor de la inteligencia artificial más allá del nombre más reconocido del sector. Ninguna de ellas es NVIDIA, pero todas son necesarias para que NVIDIA sea útil —y esa distinción tiene implicancias concretas para la diversificación de una cartera orientada a la tecnología. La disponibilidad de estos instrumentos como CEDEARs en Argentina permite acceder a ellos en pesos, sin necesidad de operar en el exterior. La pregunta relevante para el inversor no es cuál de las cuatro va a subir más en el corto plazo, sino cuál de las capas —seguridad, red, cómputo o almacenamiento— tiene menor representación en su cartera actual. Ese ejercicio de análisis estructural es precisamente el tipo de razonamiento que Bull Market Brokers fomenta entre quienes buscan invertir con criterio en el contexto de la economía digital.

 

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