¿El fin del volante? La feroz batalla entre los robotaxis de Tesla y el imperio de Uber

La irrupción de los autos autónomos de Elon Musk promete revolucionar las tarifas. Sin embargo, la falta de infraestructura y la resistencia sindical le dan un respiro clave a Uber para defender su reinado.

La guerra por el futuro de la movilidad urbana sumó un capítulo decisivo. El reciente testeo en Austin (Texas) del "Cybercab" —el robotaxi de Tesla— encendió las alarmas en Uber al demostrar una brecha de precios abismal: mientras que realizar un trayecto en el vehículo de Elon Musk cuesta unos 12,60 dólares, el mismo recorrido en Uber supera los 28 dólares. Al prescindir de un chofer, los costos de Tesla se desploman a menos de la mitad.

 

No obstante, la batalla no se define sólo en la billetera. Hoy en día, el gran fuerte de Uber —su verdadero "foso" defensivo— es la inmediatez y capilaridad de su red. Quien opta por el Cybercab en Austin debe caminar 12 minutos hasta el punto de recogida y esperar otros 26 minutos para que llegue el coche.

 

En cambio, con Uber, el pasajero viaja casi al instante. Esta densidad representa una ventaja competitiva enorme para la plataforma tradicional, que le ahorra al usuario valiosos minutos de espera.

 

Frente a esta amenaza, Uber no se queda dormida. Según reveló Financial Times, la firma se alió de manera polémica con sindicatos de conductores en EE.UU. para retrasar la regulación de los robotaxis. Este movimiento, tildado de "juego sucio" para ganar tiempo mientras desarrollan su propia tecnología autónoma, convive con la realidad de competidores como Waymo (de Google), que ya opera con algunos tropiezos y bloqueos viales en California.

 

Si trasladamos este escenario a la Argentina, el desembarco de esta tecnología choca contra una pared de asfalto. Especialistas locales señalan que nuestra infraestructura vial está a años luz de lo necesario. Para que circulen colectivos autónomos (como los modelos eléctricos que BYD presentó ante la CNRT) o robotaxis, se requiere una delimitación perfecta de carriles.

 

En nuestro país, cuando las líneas de la calzada desaparecen, los sistemas de guiado automático se apagan de inmediato. Sumado al tránsito de hora pico, anticipan que la transición local demorará bastante. Esto le dará a Uber y a los choferes tradicionales un margen de tiempo vital para dar pelea.

 

La competencia achicará inevitablemente los márgenes de las empresas, pero beneficiará a los usuarios con tarifas más baratas y mejor calidad de servicio. La transición obligará a definir si el futuro del transporte pertenece a los algoritmos solitarios o a las redes humanas de alta velocidad.

 

 

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