Gobierno|08 de marzo de 2021

Cuidado con la devaluación sigilosa

La suave pero constante devaluación del  tipo de cambio oficial y la incesante venta de títulos de deuda publica por parte de organismos oficiales nos da un veranito cambiario a un muy alto precio.

Por Nahuel Lozano

Trader de análisis técnico - Experto en el Mercado de Capitales del IAMC

 

El dólar oficial cerró el pasado viernes 5 de marzo a $ 95 para la venta en el Banco Nación. Recordando que Alberto Fernández asumió con un dólar a $ 63 en diciembre de 2019, la escalada de “los verdes” deja una devaluación del 33% en lo que va de su mandato. Cabe destacar que a este precio de $ 95 hay que sumarle el 30% de recargo por el impuesto PAIS y el 35% de anticipo de ganancias y bienes personales. Tanto el ministerio de economía, que tiene a Martín Guzmán a la cabeza, como el BCRA, que preside Miguel Ángel Pesce, vienen realizando una devaluación constante y sigilosa en busca de no retrasar el tipo de cambio. 

 

El dólar fue históricamente un dolor de cabeza para los argentinos. En un país con recurrentes crisis económicas y cambiarias, el precio del dólar siempre nos pone en alerta ya que los argentinos huimos constantemente del peso. En el contexto actual, a la crisis económica local se le suma el impacto financiero mundial por el Covid-19, que puso en jaque a todas las economías mundiales. Sin embargo, argentina viene disfrutando de un descanso cambiario en el corto plazo, ya que el precio del dólar blue y dólar mep bajaron en los últimos meses. 

 

Pero este “veranito” cambiario, no es gratis. Por un lado, el dato positivo es que el Banco Central dejó de vender dólares  aunque a expensas del cepo de U$D 200 mensuales y los impuestos del 30% (impuesto PAIS) y 35% (anticipo de ganancias y bienes personales) que les quita a gran cantidad de ahorristas la posibilidad de acceder al mercado cambiario. Pero por otro lado, la venta de títulos de deuda argentina por parte de organismos estatales, tiene como consecuencia una caída continua en el valor de estos bonos, suba del riesgo país y rendimientos muy bajos en dólares, propio de países que están cerca de defaultear que de aquellos que acaban de renegociar su deuda como hizo la Argentina en 2020.
Esta depreciación de los bonos argentinos y la escalada del riesgo país, que el viernes 5 cerró en 1590 puntos básicos, responde a dos causas. Una de ellas, y la que más preocupa, es la poca confianza de los inversores con respecto a estos títulos de deuda pública, ya que se duda mucho que el gobierno argentino logre respetar el pago de renta y la amortización de los mismos. Los inversores están optando por invertir en otros mercados emergentes que tienen buenos resultados y un poco menos de riesgo.  La otra razón tiene que ver con las ventas periódicas de títulos públicos por parte de organismos gubernamentales. Con estas constantes ventas se busca que las paridades se mantengan bajas para controlar así el tipo de cambio de otros mercados financieros como el “dólar Bolsa” o el contado con liquidación. Con la paridad tan baja, el gobierno queda cada vez más lejos de poder volver a obtener financiamiento en los mercados de capitales.

 

Mientras Argentina intenta renegociar por segunda vez la deuda con el Fondo Monetario Internacional, las señales contradictorias continúan y embarran las oportunidades de encaminar la economía. Para empezar, Martín Guzmán, sigue sin comprender que la inflación es un fenómeno monetario que se ocasiona cuando la oferta de dinero sobrepasa a la demanda. El graduado de la universidad de Columbia, pupilo del premio Nobel de economía Joseph Stiglitz y consecuentemente heterodoxo, declaró en la televisión argentina que “la inflación es un problema multicausal que no tiene que ver con una cuestión única como la emisión monetaria”. Esta afirmación tira por tierra cualquier esperanza de los inversores de que en el país se ajusten las cuentas fiscales y se intente ser solvente, dato de vital importancia para el FMI que busca recuperar el dinero desembolsado durante el gobierno de Macri. También, comunicó que “la tasa de depreciación del peso, con respecto al dólar, va a estar entre el 24% y 25%” lo que sumaría una devaluación total del 55% en dos años.

 

Pero no es novedad que un gobierno de corte kirchnerista devalúe de tal manera. Entre 2003 y 2014, pasando por un gobierno de Néstor y casi dos de Cristina, el tipo de cambio pasó de $ 2.90 a $ 8.08, lo que deja casi un 180% de aumento. Y en 2015 el tipo de cambio oficial rondaba los $ 9, mientras que el blue ya alcanzaba los $ 16. A la luz de los hechos y los datos aportados, se deduce que la política económica de los gobiernos “K” no logra comprender lo que el mundo moderno ya entendió a partir de la caída del muro de Berlín en 1989: La emisión monetaria genera inflación y la inflación impacta sobre el tipo de cambio.

 

Se impone como solución evidente un ajuste de las cuentas fiscales y un giro a una economía pro mercado que aliente la inversión y pueda revertir la debacle de la Argentina actual.