Trump amenazó con borrar del mapa a Irán: "Toda una civilización morirá esta noche"
A horas de que venza su propio ultimátum, el presidente estadounidense endureció el tono y habló directamente de “destrucción” y “cambio de régimen”, en una escalada que tensiona al máximo el conflicto.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
Donald Trump volvió a sacudir el tablero este martes al llevar su enfrentamiento con Irán a un nivel todavía más extremo. A menos de doce horas de que venciera el plazo que él mismo había fijado, el presidente estadounidense dejó de apuntar únicamente a objetivos militares y pasó a un terreno mucho más delicado: el de la existencia misma del país.
“Una civilización entera morirá esta noche, para no volver jamás”, escribió en su red Truth Social. El mensaje, cargado de dramatismo, marcó el tono de cuenta regresiva con el que la Casa Blanca viene manejando esta crisis, cada vez más cerca de un desenlace incierto.
Hasta ahora, Trump había hablado de represalias, de infraestructura destruida y de superioridad militar. Pero en esta última intervención fue más allá: mencionó directamente un “cambio de régimen completo y total” y el posible final de décadas de lo que definió como “extorsión, corrupción y muerte”. En otras palabras, dejó de plantear la situación como una negociación al límite y la presentó como una instancia decisiva entre rendición o demolición.
En esa conferencia, Trump había detallado posibles ataques contra puentes, centrales eléctricas y otros puntos estratégicos, además de advertir sobre una ofensiva aún más dura si Teherán no aceptaba las condiciones de Washington, entre ellas la reapertura del estrecho de Ormuz.
Con el nuevo mensaje, el presidente cruzó un umbral poco habitual incluso para la política exterior estadounidense. No se limitó a describir daños materiales, sino que habló en términos de colapso histórico: el fin de una sociedad tal como se la conoce y la eventual aparición de un Irán distinto, “más inteligente y menos radicalizado”. Es decir, planteó abiertamente un cambio de régimen.
Ese giro no pasa desapercibido dentro de Estados Unidos, porque expone con mayor claridad cuál es el objetivo político detrás de la escalada. Hasta ahora, la Casa Blanca justificaba su accionar en la necesidad de frenar el desarrollo militar y nuclear iraní, además de garantizar la reapertura de Ormuz. Pero en este punto, la posibilidad de forzar un reemplazo del poder en Teherán aparece sin rodeos.
Incluso Trump, que en otras ocasiones había evitado hablar de ese escenario, lo presentó ahora casi como un hecho inminente, sujeto apenas a lo que ocurra en las próximas horas. Para el Pentágono, el resultado del conflicto ya no se mide sólo en términos militares, sino en la continuidad o caída del régimen iraní.
El tono del mensaje también se conecta con lo que el propio presidente había señalado el lunes, cuando describió a Irán como un país prácticamente desmantelado desde el punto de vista militar: sin Armada operativa, con una Fuerza Aérea debilitada y sin sistemas de defensa efectivos. Aquella puesta en escena, rodeado de su cúpula militar, buscó mostrar control total de la situación.
Sin embargo, esa imagen de dominio absoluto convive con datos que generan ruido incluso dentro de Washington. En las últimas horas se confirmó el derribo de un F-15 estadounidense, un episodio que contradice la idea de que la capacidad militar iraní ya estaba neutralizada.
El conflicto, que comenzó el 28 de febrero de 2026 con ataques de Estados Unidos e Israel, ya dejó un saldo significativo. En las primeras ofensivas murió el líder supremo Alí Jamenei y, con el correr de las semanas, también fueron eliminados varios altos mandos políticos y militares, en una estrategia apuntada a desarticular la conducción del régimen.
Según datos del Pentágono, ya se atacaron cerca de 20.000 objetivos en territorio iraní. En ese contexto, y con el reloj corriendo, la amenaza de Trump suma incertidumbre a un escenario que ya está en su punto más crítico.
