EE:UU incautó un petrolero ruso ligado a Venezuela tras dos semanas de persecución
La Guardia Costera estadounidense logró abordar el buque en el Atlántico Norte sin incidentes, en una operación que tensó el vínculo con Moscú pero evitó un choque militar. Washington redobla la presión sobre la llamada “flota en la sombra”.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
Estados Unidos concretó finalmente la incautación de un barco petrolero con bandera rusa y conexiones con Venezuela luego de una extensa persecución marítima que se prolongó por más de dos semanas a lo largo del Atlántico. El operativo, encabezado por la Guardia Costera, elevó la tensión diplomática con Rusia, aunque funcionarios estadounidenses aclararon que se evitó cualquier enfrentamiento directo entre fuerzas militares.
El buque, que hasta hace poco se llamaba Bella 1 y fue rebautizado como Marinera, había logrado esquivar un bloqueo marítimo parcial impuesto por Washington a embarcaciones sancionadas vinculadas al comercio de crudo venezolano. Durante días, se negó a permitir el abordaje de las autoridades estadounidenses, mientras intentaba diluir su rastro con maniobras y cambios formales.
Según fuentes con acceso directo al operativo, la Guardia Costera consiguió subir a bordo en las últimas horas sin resistencia ni incidentes con la tripulación. También confirmaron que no había presencia de barcos rusos en la zona en el momento del abordaje, un dato clave para evitar una escalada mayor entre Washington y Moscú.
En la previa de la intercepción, aviones militares estadounidenses despegaron desde bases en el Reino Unido y se dirigieron hacia el área donde navegaba el petrolero. Registros de navegación mostraron además que el Marinera realizó un giro abrupto en el Atlántico Norte pocas horas antes de ser alcanzado, en una maniobra que llamó la atención de los sistemas de seguimiento marítimo.
En paralelo, la ofensiva no se limitó al Atlántico. La Guardia Costera también interceptó otro petrolero en el Caribe, identificado como M Sophia, que navegaba con una supuesta bandera de Camerún. Según funcionarios estadounidenses, el buque operaba sin bandera válida y fue detenido como parte del mismo operativo contra embarcaciones sancionadas.
La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, sumó un tono aún más enfático al destacar que se trató de dos abordajes consecutivos antes del amanecer, uno en el Atlántico Norte y otro en el Caribe. Señaló además que el Bella 1 intentó durante semanas evadir a las autoridades cambiando de nombre, de bandera e incluso pintando el casco. “Pueden huir, pero no esconderse”, afirmó.
La operación había generado preocupación internacional luego de que trascendiera que Rusia habría enviado al menos un buque naval para escoltar al petrolero. Sin embargo, desde Washington insistieron en que esas naves no estaban cerca al momento del abordaje, lo que permitió cerrar el operativo sin choques ni provocaciones directas..
Todo esto ocurre en un clima regional extremadamente sensible, pocos días después de la operación estadounidense en Caracas que derivó en la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Estados Unidos. Desde Venezuela denunciaron un secuestro y acusaron a Washington de buscar el control de sus reservas petroleras, mientras que la Casa Blanca sostiene que busca cortar fuentes de financiamiento ilegales.
En este escenario, los petroleros se convirtieron en una nueva pieza de fricción geopolítica entre Estados Unidos y Rusia. Cambios de bandera, registros exprés y operaciones navales cada vez más visibles marcan una disputa que, lejos de aflojar, parece trasladarse cada vez más al tablero del mar.
