Tras la renuncia de Lavagna, el Gobierno mantendrá sin cambios la medición de la inflación

El Gobierno admitió que la renuncia de Marco Lavagna estuvo atada a la decisión de volver a postergar el nuevo IPC. Versiones cruzadas y un final que, puertas adentro, estuvo lejos de ser tan prolijo como se contó oficialmente.

Por Eric Nesich

Periodista especializado en Economía y Finanzas

Hace 3 horas

Después de varias idas y vueltas, en la Casa Rosada blanquearon lo que ya se comentaba en los pasillos: la salida de Marco Lavagna del INDEC tuvo que ver con la decisión política de postergar la puesta en marcha del nuevo índice de inflación. Desde el entorno presidencial intentaron bajarle el dramatismo, pero el trasfondo fue mucho más áspero.

 

Según explicaron fuentes oficiales, la renuncia se dio por diferencias sobre los tiempos. Lavagna quería avanzar ya con la nueva metodología del INDEC, mientras que el Presidente y el ministro de Economía sostenían que había que esperar a que la baja de la inflación estuviera bien firme. La preocupación, dijeron, era evitar suspicacias y lecturas maliciosas. En ese marco, aseguraron que la salida fue consensuada, en buenos términos, y que por ahora se seguirá usando el índice actual durante algunos meses más.

 

El argumento oficial apunta a la política: como el Gobierno confía en que la inflación va a seguir bajando, no quiere abrir la puerta a que la oposición denuncie una supuesta manipulación de los números. En otras palabras, prefieren no cambiar las reglas del juego en medio del partido. Esa explicación, sin embargo, no termina de cerrar puertas adentro del organismo.

Con el correr de las horas, el tema escaló y recién por la tarde habló Luis Caputo. El ministro reconoció que había diferencias con Lavagna, confirmó que el reemplazo será su segundo, Pedro Ignacio Lines, y ratificó que el nuevo IPC queda en suspenso. Para Caputo, hoy no hay urgencia y el índice vigente “da prácticamente lo mismo”, una frase que no pasó desapercibida.

 

Lavagna llegó al INDEC a fines de 2019, en el inicio del gobierno de Alberto Fernández, y desde 2022 venía trabajando en la actualización del índice de precios. Incluso contó con asistencia técnica del FMI. Sin embargo, tanto la gestión anterior como la actual fueron estirando los plazos, generando un desgaste que nunca terminó de resolverse.

 

El nuevo índice había sido anunciado para febrero, pero otra vez se dio marcha atrás en un contexto complicado: inflación en alza, quita de subsidios, tarifas más caras y un dólar con más margen para moverse tras los cambios en las bandas cambiarias. Caputo, de todos modos, adelantó que el dato de enero rondaría el 2,5%, por debajo de diciembre, aunque con señales de presión interanual.

 

El desgaste interno también jugó su parte. En un año, el organismo perdió más de cien empleados y varias direcciones siguen vacantes. La motosierra pasó fuerte por el INDEC y dejó un clima de incertidumbre que terminó de completar el cuadro.

 

Ahora, con Lavagna afuera y el nuevo IPC otra vez en pausa, el Gobierno gana tiempo, pero el debate sigue abierto. Porque la discusión no es solo técnica: detrás del índice de inflación se juega credibilidad, política y la forma en que se cuenta la realidad económica. Y eso, tarde o temprano, vuelve a la superficie.

 

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