Nafta, petróleo y precios: abril arranca con presión inflacionaria.

Mientras el mercado espera el dato oficial del INDEC, las estimaciones privadas anticipan que la inflación de abril seguiría alta, aunque con cierta moderación. El impacto del petróleo y los combustibles sigue jugando un rol clave.

Por Eric Nesich

Periodista especializado en Economía y Finanzas

Hace 1 hora

A la espera del número oficial del INDEC sobre la inflación de marzo —que se va a conocer el 14 de abril—, las consultoras ya están haciendo cuentas sobre lo que puede pasar en abril. Y hay algo bastante claro: el petróleo y los combustibles van a seguir pesando.

 

Durante marzo, el precio del Brent voló. Llegó a superar los 100 dólares por barril varias veces y hasta tocó picos intradiarios de 119. Eso, inevitablemente, empezó a trasladarse a los precios locales, aunque el Gobierno buscó amortiguar el golpe para que no impacte de lleno en los surtidores.

 

Aun así, el impacto se siente. Hoy, cargar nafta ya supera los $2.000 por litro en muchas zonas del país, mientras que el GNC ronda los $790 el metro cúbico. La diferencia es cada vez más grande y explica por qué muchos están migrando al gas.

 

Según estimaciones privadas, la nafta acumuló una suba de más del 20% en las últimas semanas, muy por debajo del salto del petróleo, que superó el 60% en ese mismo período. En ese contexto, desde YPF anticiparon que no habrá nuevos aumentos por al menos 45 días, buscando poner un freno a la escalada.

 

En paralelo, el Gobierno decidió patear para mayo la actualización del impuesto a los combustibles, que explica casi el 16% del precio final. Es otra forma de contener el impacto… al menos por ahora.

 

El efecto en la inflación

 

El traslado de los combustibles a la inflación es directo, pero también indirecto. Directo, porque la suba en surtidores pega de lleno en el índice. Indirecto, porque encarece transporte, logística y costos en general. Las estimaciones indican que solo por combustibles, el impacto ronda entre 0,3 y 0,4 puntos porcentuales tanto en marzo como en abril.

 

Pero hay un detalle técnico importante: por cómo se mide el IPC, parte del aumento de marzo se “arrastra” a abril. Es decir, aunque los precios se estabilicen, igual empujan el índice del mes siguiente.

 

En números: la nafta podría haber subido cerca de 9,7% en marzo y proyecta un alza promedio de casi 12% en abril, justamente por ese efecto arrastre.

 

Qué esperan las consultoras

 

Con todo esto sobre la mesa, las proyecciones para abril muestran una leve desaceleración, pero lejos de un alivio contundente.

 

EcoGo estima una inflación en torno al 2,3%
LCG la ubica cerca del 2,5%
El REM del Banco Central de la República Argentina la proyecta en 2,6%

 

Es decir: baja un poco respecto de marzo, pero sigue en niveles relativamente altos.

 

Además, hay otros factores en juego. Por ejemplo, la ropa empieza a subir por el cambio de temporada. Y servicios como telecomunicaciones ya anticiparon aumentos por encima del 3%. Las prepagas, por su parte, siguen ajustando en línea con la inflación pasada.

 

El Gobierno está sosteniendo dos anclas para contener los precios: el tipo de cambio y una política monetaria que limita la cantidad de pesos en circulación. Eso ayuda a evitar que la inflación se dispare más, pero tiene un costo: una economía que crece poco y de manera muy desigual.

 

A esto se suma un tema de fondo: los precios relativos todavía no están del todo acomodados.

 

En el caso de los combustibles, por ejemplo, se estima que siguen cerca de un 20% por debajo de lo que costarían si se alinearan con los valores internacionales. Eso deja abierta la puerta a futuros ajustes.

 

En este contexto, abril aparece como un mes de transición. La inflación podría bajar un escalón, pero la inercia sigue ahí. Entre el arrastre de marzo, los aumentos en servicios y las tensiones en energía, el proceso de desaceleración va a ser gradual.

 

En el mercado ya lo tienen claro: perforar el 2% mensual no será inmediato. Las proyecciones más optimistas recién lo ven posible hacia septiembre. Mientras tanto, el desafío sigue siendo el mismo: bajar la inflación sin frenar demasiado la economía. Un equilibrio que, por ahora, sigue siendo delicado.

 

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