La intensa dolarización, un límite a las fantasías adolescentes del kirchnersimo

Los argentinos que generan ingresos aceptables en el país, o tienen ahorros acumulados (pocos o muchos), saben perfectamente que dejar ahorros en pesos es algo bastante riesgoso.

Por Gabriel Rubinstein

Director de GRA, Consultora N°1 en Ranking REM del BCRA entre Consultoras Económicas

 

Si es en papel moneda se evapora por la inflación, en los bancos siempre hay algún riesgo de devaluación licuante, de restricciones (corralito), de canjes compulsivos (corralón, plan bonex), en los bonos públicos riesgos de default, etc. A nadie le puede extrañar pues, que parte sustancial de los ahorros se hayan ido convirtiendo a dólares desde hace décadas. Y que de cada nuevo flujo de pesos que se emite de pesos, una parte importante quiera convertirse en dólares.

 

La Riqueza Financiera Total (RFT) de los argentinos puede estimarse en unos u$s 400 mil millones de dólares (valuado lo que es pesos, al dólar CCL). De ese total, podemos estimar que unos 330 mil millones (más del 80%) se mantiene en dólares (incluyendo acá bonos en dólares emitidos por Argentina, y depósitos en dólares en bancos locales), y unos u$s 70 mil millones equivalentes (es decir, menos del 20%), se mantienen en pesos.

 

La RFT, desde su pico reciente a fin de 2017 (aproximadamente u$s 557 mil millones), tuvo una importante caída, de casi el 30% (doble crisis, desde marzo de 2018, y post-PASO de agosto de 2019). Pero mientras la porción en dólares siguió subiendo (un 20%), la Riqueza Financiera en pesos (RFP), sufrió una estrepitosa caída (75%).

Es decir, desde comienzos de 2018 hasta la fecha, hemos asistido a una dramática dolarización de los ahorros de los residentes argentinos. Por ser su componente más importante y dinámica, vale la pena detenerse en lo que pasó con el llamado M4 (billetes, depósitos, y Lebac en público). Desde sus máximos en diciembre de 2017 de u$s 162 mil millones (en dólares MEP), pasó a un mínimo de u$s 40 mil millones, en octubre de 2020. Desde entonces, ha venido fluctuando un poco, situándose a fin de julio, en valores apenas superiores a los u$s 42 mil millones.

 

Es decir, no logra “levantar cabeza”. Es un indicio muy fuerte de que el gobierno de Alberto y Cristina no lograr despertar confianza en la gente (al menos los que tienen bienes en el país). Y el grado de dolarización entonces fluctúa un poco, pero no se revierte.

 

Esto significa que aproximadamente un 20% de los pesos que se vuelcan al mercado, básicamente como consecuencia de un muy alto déficit fiscal y cuasi fiscal (del orden del 9,5% (5,6% deficit fiscal total +  4,1% cuasifiscal)  del PIB en 2021, o un equivalente de unos u$s 42.000 millones de dólares), tienden a convertirse en dólares. Unos u$s 8.400 millones este año. Como es muy poco lo que el Estado les da en dólares (cepos varios), la gente debe agenciarse de los dólares en los “mercados alternativos” (blue, MEP, CCL, sean libres o intervenidos). Y el ajuste lo vemos entonces en las brechas cambiarias, que es la forma, en que la riqueza financiera termina rebalancéandose según las preferencias de la gente.

 

Dentro de lo malo que es que los residentes argentinos no confían en quienes han venido conduciendo los destinos del país, tendríamos, como “cosa buena”, que la dolarización de ahorros tiende a poner límites justamente, a las extravagancias de los gobiernos. En particular ahora, ponen un límite a las fantasías adolescentes ( o al “realismo mágico”) del kirchnerismo.

 

Pueden llegar a promulgar toda clase de leyes “pesificadoras”. Podrían incluso llegar a encarcelar, o eventualmente hasta ejecutar sumariamente a quienes compren dólares. Pero todos saben (Cristina obviamente también), que no llegarían lejos por estos caminos.

 

Por ende, las políticas expropiadoras o anti capitalistas que con mayor o menor intensidad fluyen del Instituto Patria o de La Cámpora, o de la “mala praxis” del gobierno de Alberto, chocan, entre otras cosas, contra el muro de la reacción dolarizadora de la gente (una vez más, de la gente que tiene algunos bienes en el país).

Y obligan al kirchnerismo a frenarse. Como lo ha hecho recientemente tras el affaire Pfizer (el “realismo mágico” nos costó unas 30,000 muertes evitables, según estimaciones de FIEL). O como seguramente lo terminará haciendo con el FMI, que por más “bueno” que esté (por las circunstancias, el FMI más benévolo de toda su historia), no es de esperar convalide las fantasías adolescentes del elenco K.

 

En otras palabras, si por las presiones de Cristina, Máximo o Sergio (mimetizado con ellos), la Argentina quiere seguir con altos déficit fiscales, y/o quiere embarcarse en aventuras estatizantes de variada gama y color, la imposibilidad de bajar brechas cambiarias (que incluso pueden subir, y mucho, al compás de la emisión de pesos y de la eventual suba de la desconfianza), es muy probable que termine jugándoles una mala pasada (independientemente de las elecciones próximas).

 

En tal sentido, la conducta dolarizante de la gente, es un buen reaseguro como para que las fantasías chavizantes de algunos, se choquen una y otra vez contra la pared. Para alivio “nuestro”. Es decir, de los que tenemos bienes que perder (pocos o muchos) en este vapuleado país.