Eliminar los impuestos distorsivos podría llevar más de una década sin una reforma tributaria integral
Especialistas advierten que reducir retenciones, Ingresos Brutos y otros tributos solo mediante crecimiento económico y ajuste del gasto demandaría entre 11 y 20 años. Proponen una reforma tributaria más profunda para acelerar el proceso sin comprometer el equilibrio fiscal.
Por redacción
La eliminación de los impuestos considerados más distorsivos para la economía argentina podría demorar más de una década si se mantiene la estrategia actual basada únicamente en la reducción del gasto público y el crecimiento económico. Diversos especialistas sostienen que, si bien existe consenso sobre la necesidad de reformar el sistema tributario, el gradualismo podría extender innecesariamente los plazos y limitar la competitividad del país.
Entre los tributos que generan mayor preocupación figuran los derechos de exportación, el impuesto sobre los débitos y créditos bancarios, Ingresos Brutos, el impuesto de Sellos y las tasas municipales que gravan las ventas. En conjunto representan más del 7% del Producto Bruto Interno (PBI) en recaudación, por lo que constituyen una fuente clave de financiamiento para la Nación, las provincias y los municipios.
Los analistas coinciden en que la reforma tributaria no puede poner en riesgo el equilibrio fiscal, considerado un requisito indispensable para sostener el crecimiento económico. Por ese motivo, la estrategia predominante plantea que primero debe reducirse el gasto público para generar margen suficiente que permita disminuir impuestos sin afectar las cuentas del Estado.
Sin embargo, el margen para continuar recortando el gasto sería cada vez más reducido. Tras los ajustes realizados desde 2023, las cuentas públicas alcanzaron un equilibrio fiscal muy ajustado, mientras que algunos componentes del presupuesto, especialmente el gasto previsional, mantienen una tendencia creciente y dificultan nuevas reducciones de magnitud.
Frente a este escenario, otra alternativa consiste en aprovechar el crecimiento económico para ampliar la base imponible y aumentar la recaudación, destinando esos recursos adicionales a eliminar progresivamente los impuestos más perjudiciales para la producción y la inversión.
No obstante, las proyecciones muestran que este camino también implicaría largos períodos de espera. Bajo un escenario optimista de crecimiento real sostenido del 3,3% anual, el Estado nacional necesitaría 11 años para compensar la pérdida de ingresos derivada de eliminar las retenciones y el impuesto sobre los débitos y créditos bancarios.
En ese mismo escenario, la eliminación total de las retenciones demoraría casi 4 años, mientras que la supresión del impuesto al cheque requeriría otros 7 años adicionales.
La situación sería aún más compleja para las provincias, donde impuestos como Ingresos Brutos y Sellos representan una parte significativa de la recaudación. Si las administraciones provinciales mantuvieran congelado el gasto público y destinaran todo el incremento de la coparticipación generado por el crecimiento económico a reducir esos tributos, los plazos superarían ampliamente una década.
Las estimaciones indican que Santa Fe y Mendoza necesitarían alrededor de 14 años, Córdoba aproximadamente 16 años y la provincia de Buenos Aires cerca de 20 años para eliminar ambos impuestos sin afectar el equilibrio fiscal.
Ante estas limitaciones, varios especialistas proponen avanzar hacia una reforma tributaria integral en lugar de depender exclusivamente del gradualismo. Una de las alternativas consiste en reemplazar distintos impuestos sobre las ventas por un esquema similar a un "Súper IVA", que unifique tributos nacionales, provinciales y municipales bajo un sistema más simple, transparente y eficiente.
Según esta propuesta, un IVA mejor diseñado permitiría mantener la recaudación, reducir la evasión, simplificar la administración tributaria y mejorar la competitividad de las empresas. Del mismo modo, sostienen que una mayor eficiencia en la recaudación del impuesto a las Ganancias y de Bienes Personales podría compensar la eliminación de los derechos de exportación sin generar pérdidas fiscales.
Los especialistas concluyen que la disciplina fiscal continúa siendo necesaria, pero advierten que por sí sola no alcanzará para eliminar los impuestos más perjudiciales en plazos razonables. Para acelerar ese proceso será necesario combinar austeridad con una reforma tributaria profunda que modernice el sistema impositivo y favorezca el crecimiento económico de largo plazo.
