El Gobierno bajó el precio del biodiesel para contener el precio del gasoil
Con el petróleo en alza por el conflicto internacional, buscan aliviar costos del transporte con una baja en el precio del biodiésel y un freno a los impuestos.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
En un contexto donde el precio del petróleo mete presión en todo el mundo, el Gobierno decidió mover algunas piezas para evitar que el impacto llegue de lleno al bolsillo. Este miércoles oficializó una baja del 1,85% en el precio mínimo del biodiésel, un insumo clave en la mezcla con el gasoil, con la intención de amortiguar el efecto en los combustibles.
La medida quedó plasmada en la Resolución 81/2026 de la Secretaría de Energía y apunta, sobre todo, a dar respuesta a los reclamos de las empresas de transporte de pasajeros, que vienen advirtiendo sobre el fuerte aumento de sus costos operativos.
Con este ajuste, el biodiésel vuelve a valores más bajos, similares a los de comienzos de año. La decisión llega después de un marzo sin modificaciones en el sector y busca darle algo de aire a las compañías de colectivos, que dependen en gran medida de este combustible para sostener sus servicios.
Pero no fue la única jugada. El Gobierno también resolvió suspender la actualización mensual de los impuestos a los combustibles, una medida que ya había sido anticipada y que quedó formalizada a través del decreto 217/2026. La idea es clara: contener, al menos parcialmente, la escalada de precios.
Estas decisiones llegan en medio de la presión de distintas cámaras empresarias del transporte, que vienen alertando que podrían recortar frecuencias si no logran cubrir los costos. Según plantean, sin un ajuste en tarifas o subsidios, el esquema actual se vuelve difícil de sostener.
En ese segmento, por ahora no hay cambios: el bioetanol de caña de azúcar se mantiene en $1.000,868 por litro y el de maíz en $917,323, salvo que haya nuevas definiciones en las próximas semanas.
El precio final de los combustibles responde a una combinación de factores: el valor internacional del petróleo, el tipo de cambio, los impuestos y el costo de los biocombustibles. De todos ellos, el crudo sigue siendo el principal motor de las subas, lo que obliga a distintos países a tomar medidas para amortiguar el golpe.
A nivel local, también pesa el esquema impositivo. Los gravámenes a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono no se calculan como porcentaje, sino como montos fijos, lo que genera distorsiones a medida que cambian los precios. Si bien deberían actualizarse de forma trimestral por inflación, los atrasos acumulados llevaron a que esos ajustes se apliquen mes a mes.
En este escenario, el Gobierno camina por una línea fina: necesita evitar que los combustibles se disparen y recalienten la inflación, pero sin resignar demasiados recursos fiscales. Cada decisión, por mínima que parezca, termina teniendo impacto en toda la cadena económica.
Hacia adelante, el panorama sigue atado a lo que pase en el mercado internacional. Si el petróleo mantiene su tendencia alcista, las medidas locales podrían quedar cortas y obligar a nuevas intervenciones para evitar un traslado pleno a los surtidores.
Por lo pronto, el alivio será acotado. La baja en el biodiésel y el freno impositivo ayudan a ganar tiempo, pero no resuelven el problema de fondo: la dependencia de un precio internacional que hoy está lejos de estabilizarse.
