Gobierno|06 de enero de 2022

El Estado como nuevo Heredero forzoso de los argentinos

Hipotecar el futuro de las personas por medio de medidas que disminuyen el capital generado, no pareciera ser la mejor de las medidas si queremos reactivar nuestra economía.

Por Yoel Freue

 
Un heredero forzoso, según los conceptos jurídicos, es aquel al quien la ley reserva una porción de los bienes del testador llamada legítima, de la que quien hace testamento no puede disponer libremente. En base al Consenso Fiscal para 2022 firmado recientemente, parecería que el Estado planea posicionarse como tal frente a todos los Argentinos.

 

El mencionado consenso, puso en agenda el debate del Impuesto a la Herencia, y rápidamente se alzaron voces a favor y en contra de esta posible medida.

 

Quienes están a favor, lo ven como una herramienta distributiva de equidad, alegando “la necesidad de implementación de instrumentos que procuren la redistribución de la carga impositiva de manera tal que tengan mayor incidencia los impuestos patrimoniales y puedan compensarse las eventuales reducciones de la recaudación proveniente de la imposición sobre las actividades productivas y el consumo” mientras que otros lo ven como una doble imposición que se suma a los impuestos a la propiedad, como el impuesto sobre los Bienes Personales.

 

Nadie puede negar que la equidad en la distribución es una asignatura pendiente en Argentina, y nadie que quiera que nuestra Nación sea próspera se negaría a establecer medidas que favorezcan al bienestar del país. Sin embargo, en un país como Argentina, donde se necesita imperiosamente reactivar la economía, parece ilógico pensar que una medida que tiene un impacto directo en el capital privado, podría tener consecuencias positivas para toda la sociedad. Este impuesto, lejos de facilitar el crecimiento económico del país, podría poner un freno a la generación de nuevas fuentes de trabajo y a la reinversión constante de capital privado. En este aspecto, Javier Milei manifiesta abiertamente y con lujo de detalle, la inmoralidad de esta medida, que en definitiva, afecta no solo a los individuos que actualmente vivimos en el país, sino a nuestras generaciones futuras. No es una cuestión de bandera política, es una cuestión de valores y principios y las explicaciones se sustentan en la inmoralidad, porque son impuestos para la gente que todavía no nació. Para entender esta ecuación, es importante mencionar la tasa de crecimiento poblacional, la cual supera a la producción de trabajo. Se suman a este pensamiento, varios políticos no oficialistas.

 

Por su parte, el jefe de Gabinete Juan Manzur, quien se posiciona como una figura con un alto potencial dentro del Peronismo, garantizando gobernabilidad, y favoreciendo la unión del PJ, en referencia al Consenso Fiscal, afirma que “el mismo garantizará el crecimiento equilibrado del país, gracias a una administración tributaria armónica y en un marco de estabilidad jurídica”. Es indudable que la figura de Manzur está cobrando un protagonismo preponderante dentro del PJ, apalancando la consolidación de la economía popular por medio de la implementación de programas como #MiPieza, que genera empleo y mejora la calidad de vida de los Argentinos.

 

El Consenso Fiscal exhorta a Las Provincias y la CABA, dentro del transcurso del año 2022, a procurar legislar un impuesto a todo aumento de riqueza obtenido a título gratuito como consecuencia de una transmisión o acto de esa naturaleza, que comprenda a bienes situados en su territorio y/o beneficie a personas humanas o jurídicas domiciliadas en el mismo, y pide aplicar alícuotas marginales crecientes a medida que aumenta el monto transmitido a fin de otorgar progresividad al tributo.

La puesta en vigencia de una medida de ésta índole, obligaría a muchas personas a tener que repensar la forma de distribuir sus bienes en vida, con el simple propósito de evitar la erosión constante de su capital por parte del Estado. Tal vez si lo pensamos de esta forma, las personas logren potenciar a sus círculos de familiares y/o beneficiarios de sus bienes, por medio de una cesión en vida de sus posesiones.

 

El fantasma de la incertidumbre respecto del buen uso de lo recaudado también se hace presente, por lo que resulta muy importante poner la lupa en las decisiones que se tomarán al respecto.

 

Es cierto que ninguno de nosotros va a llevarse nada de este mundo. De todas maneras, esta medida pareciera imponer a todos los ciudadanos a que el parte del dinero generado en vida pase a las arcas del Estado para ser utilizado a su discreción. Hipotecar el futuro de las personas por medio de medidas que disminuyen el capital generado, no pareciera ser la mejor de las medidas si queremos reactivar nuestra economía.