El Banco Mundial ve a la Argentina creciendo 4% en 2026, marcando una desaceleración
El organismo internacional prevé una baja respecto al rebote del año pasado, aunque ubica al país entre los de mejor desempeño de la región.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
El Banco Mundial estimó que la economía argentina crecerá un 4% en 2026, una cifra que confirma una leve moderación frente a la recuperación registrada el año anterior, cuando la actividad habría avanzado un 4,6%. La proyección figura en el informe de Perspectivas Económicas Mundiales publicado en enero.
Según el documento, el crecimiento del país se estabilizaría en ese nivel tanto en 2026 como en 2027. El organismo explicó que la menor velocidad del avance responde a distintos factores que impactaron sobre la economía local en los últimos meses.
Entre las razones, el Banco Mundial señaló que la incertidumbre política hacia el cierre del año pasado derivó en episodios de tensión cambiaria. Ese escenario empujó al alza las tasas de interés del mercado, algo que —según la entidad— terminaría afectando la demanda interna y el ritmo de crecimiento durante este año.
En ese marco, destacó el rol del respaldo de Estados Unidos, que incluyó líneas de swap y otras herramientas financieras que ayudaron a calmar las aguas. Además, subrayó que la implementación de un esquema de bandas cambiarias en abril de 2025 aportará mayor flexibilidad al tipo de cambio y reforzará su función como amortiguador frente a shocks externos.
A nivel global, el Banco Mundial sostuvo que la economía mundial está mostrando una resistencia mayor a la esperada, pese a las tensiones comerciales que siguen latentes y a la incertidumbre en materia de políticas económicas. En ese sentido, proyectó que el crecimiento global se mantendrá relativamente estable, con una leve baja al 2,6% en 2026 y una posterior mejora al 2,7% en 2027, una corrección al alza respecto de estimaciones previas.
Sobre este panorama, el economista jefe del organismo, Indermit Gill, advirtió que año tras año la economía mundial parece perder capacidad de generar crecimiento, aunque gana resiliencia frente a contextos adversos. Sin embargo, alertó que esa combinación no puede sostenerse indefinidamente sin generar tensiones en los mercados financieros y en las cuentas públicas, especialmente en un mundo con niveles récord de deuda.
En ese contexto, Gill planteó que, para evitar escenarios de estancamiento y mayor desempleo, tanto los países emergentes como los desarrollados deberán avanzar con más decisión en la apertura a la inversión privada y el comercio, ajustar el gasto público corriente y apostar fuerte por la innovación tecnológica y la educación como motores del crecimiento futuro.
