Argentina proyecta exportaciones mineras por USD 18.500 millones para 2030 con foco en litio y cobre

Las ventas externas de minerales alcanzaron un récord en el primer semestre de 2026 y el sector apuesta a consolidar un crecimiento sustentable, aunque enfrenta desafíos en exploración y contenido local.

En la primera mitad de 2026, las exportaciones mineras argentinas alcanzaron un nivel histórico de USD 4.742 millones, el mayor registro para un primer semestre desde que existen datos comparables, según un informe conjunto de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM) y la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Este monto más que duplica el récord previo de 2011 y abre la puerta a una proyección que podría llevar las ventas externas del sector a USD 18.500 millones en 2030 y a USD 35.000 millones en 2035.

 

En comparación con el primer semestre de 2025, las exportaciones mineras crecieron cerca de un 75%, y frente a igual período de 2024, el aumento fue del 156%. Hace dos décadas, las ventas externas del sector no llegaban ni a una octava parte de lo que se registra actualmente. Entre 2012 y 2021, los primeros semestres se movieron entre USD 1.184 millones y USD 2.000 millones, sin superar los picos de 2010 y 2011. La tendencia alcista comenzó a consolidarse en 2025 y se fortaleció en 2026.

 

El oro sigue siendo el mineral principal, representando aproximadamente el 61% del total exportado en el semestre, impulsado por altos precios internacionales a pesar de una producción con menores volúmenes y mayores costos. La plata mantiene su lugar como tercer mineral más exportado.

 

El litio se consolida como el segundo mineral más relevante en las exportaciones argentinas desde 2023, desplazando a la plata y aportando cerca de una cuarta parte del total en el primer semestre de 2026. Su participación era inferior al 5% hace diez años y menor al 3% hace veinte. Este crecimiento responde a la puesta en marcha y expansión de nuevos proyectos en el país, con un aumento de más del 68% en las cantidades exportadas respecto al mismo período de 2025, según datos de la Secretaría de Minería.

 

El cobre aparece como el gran protagonista de los próximos años para la minería argentina. El país está "fabricando una industria desde cero" en torno a este metal, dado el escaso desarrollo previo en comparación con otras economías mineras. Se presentaron proyectos por alrededor de USD 40.000 millones bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), de los cuales USD 21.000 millones ya están aprobados y USD 19.000 millones en trámite.

 

La inversión extranjera directa (IED) en minería alcanzó un récord histórico con un stock de USD 24.849 millones a marzo de 2026, según el Banco Central de la República Argentina. Este monto supera en dos años el doble y en menos de siete años casi el triple del stock previo. El flujo neto de IED en el primer trimestre de 2026 fue el más alto registrado, con USD 2.799 millones, un 36% más que el récord anterior. Desde 2023, los ingresos superan regularmente los USD 500 millones trimestrales, y desde 2024 la mayoría supera los USD 1.000 millones.

 

El crecimiento en inversiones refleja dos etapas: la maduración de proyectos anteriores en un contexto de precios altos y la llegada de nuevos capitales centrados en litio y cobre. En el primer semestre de 2026, la minería representó casi el 10% de las exportaciones totales argentinas, un récord para el sector.

 

El modelo chileno suele citarse como referencia para la minería del cobre. En Chile, la actividad minera ha impulsado significativamente el crecimiento económico y el Estado recauda hasta el 46% de la actividad mediante impuestos, una tasa difícil de replicar en otras industrias. La clave no solo fue el potencial geológico, sino la consolidación de condiciones económicas e institucionales estables desde la década de 1990, que permitieron la explotación a gran escala. Un instrumento fundamental fue el Decreto Ley 600 (DL600), un régimen de estabilidad para inversiones extranjeras que se compara con el RIGI argentino.

 

El estancamiento de la producción de cobre en Chile en 2004, pese a la subida de precios internacionales, ilustra que el potencial geológico debe combinarse con institucionalidad estable, regulación eficiente y capacidad de coordinación para que la minería sea viable y sostenible. La minería es capital intensiva y la recuperación de inversiones suele extenderse por 30 años, por lo que la previsibilidad es una condición imprescindible para la actividad.

 

En términos sociales, en Chile un trabajador minero gana alrededor de USD 1.600 mensuales, un 688% más que el promedio nacional, y el sector representa el 10% del empleo en el país. Argentina, por su parte, parte de una ventaja diferencial: cuenta con un entramado industrial preexistente y capital humano calificado, a diferencia de Chile, Perú, Canadá o Australia cuando iniciaron su desarrollo minero, lo que puede facilitar la reconversión de proveedores locales para abastecer a la industria minera en crecimiento.

 

El sector plantea que la minería puede ser un puente de divisas que aporte estabilidad macroeconómica, con un impacto especialmente fuerte en las provincias donde se concentra la actividad. Sin embargo, aclaran que no se trata de reemplazar empleos perdidos en otros sectores, sino de un motor de crecimiento propio y sostenible a largo plazo.

 

Entre los desafíos más urgentes está el desarrollo de la exploración. Aunque Argentina ocupa el octavo lugar mundial por potencial geológico, solo se ha explorado el 20% del territorio apto para minería. En 2025 se invirtieron USD 400 millones en exploración, cifra inferior a los USD 2.000 millones invertidos en Australia. Sin exploración no se generarán nuevos proyectos, una ecuación clave para sostener el crecimiento exportador proyectado.

 

Otro problema relevante son las exigencias de contenido local, que varían entre provincias y se superponen con el requisito del 20% de producción nacional previsto en el RIGI, generando incertidumbre para inversores. El sector señala que el problema no es la preferencia por proveedores locales, sino que la oferta actual puede carecer de escala, calidad o competitividad para las grandes operaciones. La propuesta es mayor regulación o desregulación en certificaciones de seguridad, sustentabilidad y cumplimiento normativo para que las empresas locales se conviertan en proveedores calificados.

 

Las decisiones de inversión dependen finalmente del retorno esperado, y en ese sentido, los países compiten por atraer capitales. La demanda internacional de cobre es estable y estructural, especialmente por China, que concentra la mayoría de las plantas de procesamiento del metal esencial para autos eléctricos, energías renovables y tecnología. Para Argentina, mantener la competitividad implica preservar la integración internacional, dado que los clientes e inversores producen principalmente para exportar y no para el mercado interno.

 

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