El dólar vuelve a ganar terreno entre los ahorristas: en julio se alcanzó un récord de compras
En julio, las personas físicas demandaron más de US$ 4.100 millones, mientras el Gobierno confía en que el crecimiento de las exportaciones de Vaca Muerta aporte las divisas necesarias para atravesar el escenario electoral.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
A poco más de un año de las próximas elecciones presidenciales, el mercado cambiario empezó a mostrar una señal que el Gobierno seguramente seguirá con atención. No hay una corrida, tampoco una crisis financiera ni un salto brusco del dólar, pero los argentinos volvieron a incrementar con fuerza sus compras de moneda extranjera. Durante julio, la demanda neta de divisas de las personas físicas llegó a los US$ 4.124 millones, el registro más alto del año y un dato que vuelve a poner sobre la mesa el tradicional comportamiento defensivo de los ahorristas argentinos.
El número aparece en un contexto particularmente llamativo. La economía atraviesa un período de mayor estabilidad, el resultado fiscal se mantiene ordenado y la inflación muestra una tendencia descendente, mientras el dólar oficial se mueve con relativa tranquilidad. Sin embargo, esa mejora de las variables macroeconómicas no parece haber modificado demasiado una costumbre profundamente instalada: cuando se acerca un proceso electoral, una parte de la población prefiere adelantarse y transformar sus pesos en dólares, aun cuando no exista una amenaza inmediata sobre el mercado cambiario.
Una demanda que venía creciendo y pegó el salto en julio
El principal componente de este movimiento fue la compra de billetes físicos. Según los datos publicados por el Banco Central, durante julio los argentinos adquirieron alrededor de US$ 2.916 millones para atesoramiento, frente a los aproximadamente US$ 2.000 millones de junio. El aumento también se reflejó en la cantidad de personas que participaron del mercado: en apenas un mes se incorporaron unos 200.000 compradores y el universo total llegó a cerca de 1,7 millones de individuos.
Todo esto ocurrió mientras el dólar oficial permanecía prácticamente estable en torno de los $1.510. Es justamente esa combinación la que genera cierta sorpresa entre los analistas: la compra de dólares no estuvo impulsada por una disparada de la cotización ni por un episodio de tensión financiera. El comportamiento parece responder más a una decisión preventiva de los ahorristas que a la necesidad de reaccionar frente a una crisis concreta.
La diferencia con otros períodos electorales es que esta vez no aparece, al menos por ahora, un desequilibrio macroeconómico evidente que explique semejante comportamiento. En años anteriores, la proximidad de las elecciones solía estar acompañada por una aceleración de la inflación, pérdida de reservas, déficit fiscal o expectativas concretas de una devaluación. Ahora, en cambio, parece pesar mucho más la experiencia acumulada por los argentinos, que históricamente prefieren llegar a las urnas con una parte de sus ahorros dolarizada.
Qué hacen los argentinos con los dólares que compran
El informe del Banco Central también permite conocer qué ocurre con los dólares una vez que son adquiridos. De los US$ 2.916 millones comprados en billetes durante julio, aproximadamente US$ 1.000 millones terminaron depositados en cuentas bancarias locales. Esto muestra que una parte importante de los ahorristas mantiene sus divisas dentro del sistema financiero, aunque otra cantidad similar tomó un camino bastante más tradicional en la Argentina.
Otros US$ 1.000 millones salieron del circuito bancario y pasaron a formar parte del ahorro privado de los compradores. En términos sencillos, son los dólares que quedan guardados fuera de los bancos como reserva personal. El tercer componente, cercano a los US$ 900 millones, correspondió a los pagos realizados con tarjetas de crédito por consumos en el exterior. Ese monto fue algo inferior al de julio de 2025, cuando había llegado a unos US$ 963 millones.
También se observa un cambio en la forma en que los argentinos pagan sus gastos cuando viajan. Alrededor del 70% de los consumos relacionados con viajes y transporte en el exterior ya no se cancela comprando dólares nuevos cuando llega el vencimiento de la tarjeta. Los usuarios utilizan, en cambio, los billetes que ya tenían ahorrados, una señal de que el proceso de dolarización no termina necesariamente en la compra: muchas veces el objetivo es simplemente conservar esos dólares como reserva.
Vaca Muerta, el gran respaldo frente a la demanda
La gran diferencia que tiene hoy el Gobierno respecto de otras administraciones que atravesaron años electorales está en la capacidad de generación de divisas del sector energético. Vaca Muerta se convirtió en una fuente cada vez más importante de dólares para la economía argentina, con una producción de petróleo que alcanzó nuevos máximos y permitió modificar de manera sustancial la balanza energética del país.
El crecimiento de las exportaciones de hidrocarburos aporta un flujo de divisas genuinas que funciona como contrapeso frente a la demanda de los ahorristas. A eso se suma el aporte tradicional del complejo agroexportador, que durante buena parte del año continúa siendo una de las principales fuentes de dólares del país. En este escenario, el Banco Central consiguió acumular unos US$ 14.000 millones de reservas netas en lo que va del año, un colchón considerable frente a la presión que podría aparecer durante el proceso electoral.
La cuestión que empieza a discutirse ahora es si ese ingreso de dólares será suficiente para acompañar el crecimiento de la demanda privada. Mientras Vaca Muerta aumenta su producción y genera nuevas divisas, millones de argentinos toman la decisión contraria y compran moneda extranjera para proteger sus ahorros. El equilibrio entre ambos movimientos será uno de los puntos centrales del mercado cambiario durante los próximos meses.
El Gobierno, sin embargo, no solamente deberá mirar lo que ocurre dentro de las fronteras. El contexto internacional puede modificar rápidamente las condiciones financieras y cambiarias de la Argentina, particularmente si Estados Unidos adopta una política monetaria más dura. Las recientes declaraciones de Kevin Warsh volvieron a poner en discusión el nivel de las tasas de interés norteamericanas y la posibilidad de que la Reserva Federal mantenga una postura más restrictiva si la inflación no termina de ceder.
Un dólar más fuerte a nivel internacional suele generar presión sobre los mercados emergentes, porque puede favorecer la salida de capitales y aumentar el atractivo de los activos estadounidenses. Para la Argentina, que todavía necesita consolidar su acceso al financiamiento externo, cualquier cambio importante en las condiciones financieras internacionales puede terminar teniendo consecuencias sobre el mercado cambiario local.
Por ahora, no hay elementos suficientes para hablar de una corrida cambiaria ni de una crisis como las que atravesó la Argentina en otros períodos electorales. El dato de julio, sin embargo, funciona como una advertencia temprana: los ahorristas ya empezaron a cubrirse y lo están haciendo antes de que aparezca una turbulencia concreta. Es un comportamiento que el Gobierno deberá seguir de cerca, sobre todo si la demanda continúa aumentando a medida que se acerquen las elecciones.
