La IA se desinfla en Wall Street: el sector tecnológico sufre su peor jornada en meses y los chips se desploman

El ETF de semiconductores SMH cayó casi 4,7% tras el llamado de Anthropic a frenar el desarrollo de inteligencia artificial y la postergación de la salida a bolsa de OpenAI hasta 2027. Nvidia cedió 3,4% y Micron se hundió más del 5%, mientras los inversores rotan hacia software y defensivos.

Por Eric Nesich

Periodista especializado en Economía y Finanzas

Hace 1 hora

El sector tecnológico vivió el lunes una de sus jornadas más negativas del año. Las acciones vinculadas a la inteligencia artificial lideraron las caídas en Wall Street, arrastradas por una combinación de factores que pusieron en duda la sostenibilidad del rally que venía impulsando a los principales índices.

 

El ETF de semiconductores SMH acumuló un retroceso cercano al 4,7% en la jornada, mientras que Nvidia, el buque insignia del sector, cedió un 3,4% y cerró en torno a los 211 dólares. Micron Technology, uno de los principales fabricantes de memoria para centros de datos, se desplomó más del 5%.

 

El detonante fue una declaración que resonó con fuerza dentro de la industria. Dario Amodei, CEO de Anthropic, instó públicamente a las empresas de IA a moderar el ritmo al que mejoran las capacidades de sus modelos por razones de seguridad. La frase, pronunciada por uno de los actores centrales del sector, funcionó como una señal de alerta para los inversores: si quienes lideran la innovación advierten sobre los riesgos, la tesis de crecimiento ilimitado merece una revisión.

 

La reacción de Sam Altman, CEO de OpenAI, fue inmediata y contundente. El mismo día en que Amodei publicó su llamado, Altman confirmó que OpenAI no realizará su salida a bolsa en 2026. Considerando lo que está ocurriendo actualmente en materia de seguridad, salir a bolsa ahora no sería prudente, y tampoco tenemos presión para hacerlo, declaró Altman a la revista Fortune. La noticia, que en otro contexto podría haber sido recibida como un simple ajuste de calendario, fue leída por el mercado como un síntoma de que los tiempos de maduración del negocio no son tan acelerados como se descontaba. La expectativa de una oferta pública inicial que funcionara como catalizador para todo el sector quedó, por ahora, postergada.

 

La magnitud del movimiento fue histórica. El ratio que compara el ETF de software (IGV) con el de semiconductores (SMH) registró su mayor salto en 25 años, con una sobreperformance relativa del 10,29% en una sola sesión. Mientras los chips se hundían, los fondos de software subieron más del 5%, evidenciando una rotación violenta desde la infraestructura de IA hacia las aplicaciones. Los inversores están apostando a que las empresas que integran IA en software de suscripción para empresas se beneficiarán, mientras que el gasto en infraestructura de centros de datos muestra signos de estancamiento.

El contexto macroeconómico agravó la situación. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años tocó el 5%, su nivel más alto desde octubre de 2023, en un escenario de tasas que el mercado ya descuenta que seguirán subiendo. Para las empresas de crecimiento, y en particular para las tecnológicas, las tasas altas son un viento de frente: encarecen el financiamiento, reducen el valor presente de las ganancias futuras y presionan a la baja los múltiplos de valuación que el sector mantuvo elevados durante años.

 

Un gestor de fondos advirtió que el problema no es tanto la valuación de Nvidia —que consideró razonable en un horizonte de uno a tres años— sino la concentración extrema de dinero en el trade de IA. Jordan Cvetanovski, CIO de Pella Funds, señaló que una desaceleración en la demanda de centros de datos o un cambio en la narrativa podría provocar una liquidación rápida en chips y hardware.

 

La reacción del martes mostró un intento de rebote. Las acciones de semiconductores operaron en verde durante la mañana, con Qualcomm subiendo más del 3% e Intel y AMD recuperando entre 1% y 2%. Sin embargo, la volatilidad persiste y la pregunta central sigue sin respuesta: ¿cuánto del crecimiento explosivo de la IA estaba justificado por la demanda real y cuánto por una narrativa que ahora comienza a resquebrajarse desde dentro de la propia industria?

 

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