La Unión Europea aprobó el acuerdo con el Mercosur tras más de 25 años de negociaciones

Con una mayoría calificada, los países del bloque europeo habilitaron la firma del tratado comercial con Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Pese a las fuertes resistencias del agro y el rechazo de Francia, el pacto avanza y apunta a convertirse en el mayor acuerdo de libre comercio del mundo.

Por Eric Nesich

Periodista especializado en Economía y Finanzas

Hace 13 horas

La Unión Europea destrabó este viernes uno de los acuerdos comerciales más largos y complejos de la historia. Con el respaldo de una mayoría calificada de Estados miembros, el bloque aprobó el tratado de libre comercio con el Mercosur, negociado durante más de un cuarto de siglo y atravesado por tensiones políticas, económicas y sectoriales, según confirmaron fuentes diplomáticas a la agencia AFP.

 

Con esta aprobación, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quedará habilitada para viajar el próximo lunes a Asunción, donde se espera la firma formal del acuerdo que unirá comercialmente a la UE con Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.

 

El aval de los países europeos despejó el camino para el nacimiento del mayor acuerdo de libre comercio a nivel global, que abarcará un mercado de unos 780 millones de personas. La decisión se tomó en una reunión de embajadores celebrada en Bruselas, donde el pacto logró superar las resistencias de algunos países, entre ellos Francia, que volvió a votar en contra. Para avanzar, solo era necesaria una mayoría calificada, objetivo que finalmente se alcanzó.

 

El entendimiento busca eliminar aranceles y facilitar el intercambio de bienes y servicios entre ambos bloques, impulsando especialmente las exportaciones. Sin embargo, el acuerdo generó una fuerte polémica dentro de Europa, en particular entre los productores agropecuarios, que temen una mayor entrada de productos sudamericanos y un impacto negativo en los precios internos.

En la antesala de la votación, agricultores franceses se manifestaron en el centro de París, mientras que el viernes también hubo protestas en Polonia. Irlanda fue otro de los países que se expresó en contra del tratado, alineándose con las críticas del sector rural europeo.

 

El giro de Italia destrabó el acuerdo

 

El respaldo final de Italia resultó clave para inclinar la balanza. En la cumbre europea del mes pasado, Roma había frenado el avance del pacto con una objeción de último momento. Sin embargo, en la reunión de este viernes cambió su postura, influida en parte por los fondos adicionales prometidos por la Comisión Europea para asistir a los agricultores en el próximo presupuesto plurianual.

 

Además del incentivo económico, pesaron las cláusulas de salvaguardia incluidas en el acuerdo. Entre ellas, se prevé la apertura de investigaciones si se detecta un aumento significativo de importaciones desde Sudamérica o una caída de precios respecto del promedio de los últimos tres años. Ese mecanismo se activará si la variación supera el 5%, un umbral más bajo que el inicialmente propuesto, tras la presión de países como Italia, Francia y el propio Parlamento Europeo.

 

Francia, pese a su histórica defensa del comercio internacional, mantuvo su rechazo. El presidente Emmanuel Macron calificó al acuerdo como “anticuado” y sostuvo que expone a sectores agrícolas sensibles, poniendo en riesgo la soberanía alimentaria europea.

 

El tratado aún deberá ser aprobado por el Parlamento Europeo, pero ya se perfila como el acuerdo comercial más ambicioso jamás negociado por Bruselas. Tras más de dos décadas de avances y retrocesos, las discusiones lograron sortear las diferencias vinculadas a estándares ambientales y sanitarios del Mercosur, un punto clave para varios países europeos.

 

Alemania y España, entre otros, jugaron un rol activo a favor del acuerdo, destacando las oportunidades de exportación y el valor estratégico del entendimiento.

 

Más allá de los números, el acuerdo también tiene una lectura geopolítica. Para la UE, significa reforzar su presencia en América del Sur, una región donde China viene ganando terreno como proveedor industrial y comprador de materias primas. En ese tablero global, Bruselas busca no quedar relegada y volver a jugar fuerte

 

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