Finanzas contraintuitivas: cuando hacer lo obvio te sale caro
Nuestro cerebro está diseñado para la supervivencia en la sabana africana, no para optimizar una cartera de inversión en el siglo XXI.
Por Matías Daghero
Agente Asesor Global de Inversión, Presidente de @closingbelladv
Si ya me venís leyendo hace tiempo, sabés que me gusta ir al hueso. No me interesa repetirte lo que dicen los manuales de economía de hace cincuenta años, sino sentarme con vos, café de por medio, y analizar qué está pasando realmente con tu plata en el mundo real.
Hoy quiero que hablemos de algo que me obsesiona: la lógica contraintuitiva.
A ver, nuestro cerebro está diseñado para la supervivencia en la sabana africana, no para optimizar una cartera de inversión en el siglo XXI. Por eso, muchas veces lo que parece "de sentido común" o "lo que haría un buen padre de familia", termina siendo el error más caro de tu vida financiera.
Preparate, porque hoy vamos a desafiar varios dogmas. Ponete cómodo y vamos a meternos de lleno en por qué hacer "lo obvio" a veces te sale carísimo.
1. El mito de la deuda: ¿Por qué pagar tu casa rápido puede ser un error financiero?
Empecemos por el "jefe final" de los consejos financieros tradicionales: "Hijo, lo primero que tenés que hacer es sacarte las deudas de encima, especialmente la de la casa".
Suena lógico, ¿no? La deuda genera estrés, intereses y una sensación de carga. Sin embargo, desde el punto de vista del patrimonio neto, cancelar anticipadamente un crédito hipotecario suele ser una decisión emocionalmente gratificante pero financieramente desastrosa.
El concepto clave: El "Spread"
Imaginate que tenés un crédito hipotecario con una tasa UVA del 4% anual. Tenés unos ahorros extra y decidís usarlos para precancelar cuotas y "ahorrarte" ese 4%.
Ahora, mirá hacia el otro lado. Si en lugar de dárselos al banco, ponés ese mismo dinero en un fondo que rinda inflación más 10% anual promedio a largo plazo, estás dejando de ganar un 6% anual (“10% - 4% = 6%”).
Dicho de otro modo: Al pagar la deuda, estás "comprando" una rentabilidad garantizada del 4%. Al invertir, buscás una del 10%. La diferencia es el costo de tu "tranquilidad mental".
La inflación es tu aliada (en la deuda a tasa fija)
Si vivís en países con inflación (como nos pasa seguido por estas latitudes), la deuda a tasa fija es un regalo. La inflación licúa el valor real de tu deuda mientras que, idealmente, tus ingresos y el valor de tus activos suben. Pagar rápido una deuda que se está "achicando" sola por la inflación es, básicamente, devolverle un favor al banco que no te pidió.
Para esto es clave que se trate de una deuda a una tasa más baja que la inflación (algo que hoy no sucede con créditos personales e hipotecarios pero sí con compras en cuotas sin interés).
2. El peligro del "Ahorro Seguro": Cuando el colchón se incendia solo
Otro clásico. "Yo no arriesgo, yo ahorro en mi cuenta o guardo los dólares bajo el colchón para estar tranquilo".
Acá es donde la semántica nos engaña. Confundimos ahorrar con preservar capital.
Si tenés el dinero quieto, no estás "seguro". Estás perdiendo poder adquisitivo de forma garantizada.
El impuesto silencioso
Incluso el dólar tiene inflación. Si guardaste USD 10.000 en una caja de seguridad en el año 2020, hoy esos mismos billetes compran aproximadamente un 30% menos de cosas en Argentina. No se los robó nadie, se los comió la inflación.
La trampa de las cuentas de baja rentabilidad:
Muchos bancos ofrecen cuentas "Premium" o de ahorro que pagan un 2% o 3 anual. La gente se siente bien porque ve que el número sube. Pero cuando lo comparás con la inflación en dólares que tiene un país como el nuestro, tu rendimiento real es negativo.
- Lógica común: "Al menos no pierdo lo que tengo".
- Realidad contraintuitiva: Estás pagando una suscripción mensual por el privilegio de que tu dinero valga menos cada día.
3. Diversificación excesiva: ¿Demasiados huevos en demasiadas canastas?
Seguro escuchaste mil veces: "No pongas todos los huevos en la misma canasta". Es el ABC de las finanzas. Pero, como todo en la vida, el exceso es malo.
En mi experiencia de 15 años viendo carteras, me encuentro seguido con el inversor "coleccionista de figuritas". Tienen 40 fondos comunes de inversión, 15 acciones distintas, 3 criptomonedas y un poquito de oro.
¿Cuál es el problema de esto?
- Correlación oculta: A veces creés que estás diversificado porque tenés 10 fondos distintos, pero cuando mirás adentro, todos tienen las mismas acciones de tecnología. Si cae el Nasdaq, se te rompen todas las canastas al mismo tiempo.
- Rendimientos mediocres: La sobrediversificación te lleva inexorablemente a la media. Es imposible ganarle al mercado si vos sos el mercado.
La visión experta: La diversificación protege la riqueza, pero la concentración inteligente es la que la construye. Una vez que tenés más de 15 o 20 activos bien seleccionados, añadir el número 21 no reduce tu riesgo de forma significativa, pero sí diluye tus ganancias.
4. Esperar el "Momento Perfecto" para invertir (Market Timing)
Esta es la trampa favorita de los analistas de café. "Ahora el mercado está muy alto, voy a esperar a que baje para entrar". O peor: "Ahora todo está cayendo, mejor espero a que se estabilice".
Suena muy inteligente, ¿verdad? Comprar barato y vender caro. El problema es que nadie tiene la bola de cristal.
Los datos matan el relato
Hay estudios famosísimos (como los de J.P. Morgan) que analizan qué pasa si te perdés los mejores días del mercado por estar "esperando afuera".
Si hubieras invertido USD 10.000 en el S&P 500 entre 2003 y 2023, hubieras terminado con unos USD 64.000. Pero si por intentar "esperar el momento" te perdías tan solo los 10 mejores días de esos 20 años, tu ganancia se reducía a la mitad (unos USD 29.000).
Lo contraintuitivo aquí es: El riesgo de no estar invertido es mucho mayor que el riesgo de una caída temporal.
En finanzas, el tiempo en el mercado le gana siempre al momento del mercado.
5. El error de priorizar el ahorro sobre la inversión en uno mismo
A veces, la gente se obsesiona tanto con recortar gastos (el famoso "efecto latte", dejar de comprar el café de la mañana para ahorrar) que pierde de vista la variable más importante de la ecuación: sus ingresos.
Si ganás ARS 2.000.000 y vivís con ARS 1.600.000, podés ahorrar ARS 400.000. Podés esforzarte una barbaridad para vivir con 1.400.000 y ahorrar 600.000. Es un esfuerzo enorme para una ganancia marginal.
Pero, ¿qué pasa si invertís esos 400.000 de ahorro en una certificación, en aprender inglés o en una mentoría que te permita saltar a un sueldo de ARS 4.000.000? De repente, tu capacidad de ahorro se duplica o triplica sin tener que comer arroz todos los días.
Hacer lo obvio: Obsesionarse con el gasto
La lógica contraintuitiva: A veces, gastar dinero en herramientas, salud o educación tiene un ROI (Retorno sobre la Inversión) infinitamente superior a cualquier bono o acción de Wall Street.
Resumiendo: Cambiemos el chip
Como habrás visto, las finanzas personales no se tratan de seguir reglas de oro inamovibles, sino de entender el costo de oportunidad.
Cada vez que tomás una decisión "segura" o "lógica", preguntate:
- ¿Qué estoy dejando de ganar por hacer esto?
- ¿Estoy decidiendo con la calculadora o con el miedo?
- ¿Este consejo me lo dio alguien que entiende de finanzas o alguien que repite lo que escuchó en la cena de Navidad?
La riqueza no se construye haciendo lo que hace todo el mundo. Se construye entendiendo estas sutilezas que hoy compartí con vos.
Espero que estas reflexiones te sirvan para mirar tus números con otros ojos. No se trata de ser un genio matemático, sino de tener la disciplina de desafiar nuestra propia intuición.
