Duro golpe para Bioceres: acreedores se quedan con el control de una filial clave

Un fallo judicial en Estados Unidos dejó a ProFarm Group, parte del negocio agrícola de Bioceres, en manos de fondos acreedores. La empresa rosarina apeló la decisión y asegura que la pelea judicial todavía no terminó.

Por Eric Nesich

Periodista especializado en Economía y Finanzas

Hace 3 horas

En medio de un proceso judicial pesado, el control de ProFarm Group —una de las patas de Bioceres Crops— pasó a manos de un grupo de acreedores, tras el inicio de un concurso por una deuda que ya ronda los 55 millones de dólares. El golpe se siente fuerte, sobre todo porque se da en un momento delicado para la compañía, con acciones en caída libre y planes de expansión seriamente complicados.

 

El traspié se explica, en parte, por el derrumbe del valor bursátil de la empresa argentina en Wall Street, que terminó de desacomodar las finanzas y trabar proyectos que venían en carpeta. Desde Bioceres salieron a aclarar que la historia todavía no está cerrada: el proceso sigue abierto y ya activaron las apelaciones para intentar frenar el traspaso del control.

 

El principal argumento de la compañía es que la ejecución de garantías se hizo por una cifra cercana a los 15 millones de dólares, un número que, según remarcan, está lejísimo de los 243 millones que se pagaron por ProFarm cuando fue adquirida en 2022. Por eso insisten en que la decisión judicial es desproporcionada y que van a dar la pelea en tribunales.

 

El conflicto arrancó por el supuesto incumplimiento en el pago de pagarés emitidos en 2022, algo que Bioceres siempre negó. Incluso presentó una contrademanda para defender su postura. Sin embargo, en diciembre de 2025 la Justicia de Nueva York habilitó la ejecución de garantías y la transferencia de los activos vinculados a ProFarm, lo que terminó de encender las alarmas.

Desde la empresa remarcan que no se trata de una venta lisa y llana, sino de “un episodio puntual dentro de un proceso legal que sigue en marcha”. También aseguran que no reconocen responsabilidad por los incumplimientos que les adjudican y que van a avanzar con nuevas acciones legales para revertir la situación.

 

Según trascendió en el expediente, detrás de la movida aparecen varios fondos de inversión que tenían en sus manos deuda emitida por Bioceres. Entre ellos figuran Jasper Lake Ventures, Solel-Bioceres SPV, Redwood Enhanced Income y Liminality Partners. Jasper Lake, por ejemplo, informó a los reguladores de Estados Unidos que tiene derechos sobre más de 8,7 millones de acciones, lo que equivale a algo más del 12% del capital total de la compañía.

 

Todo esto se da en un contexto ya complicado para el grupo. Si bien por ahora las operaciones de Bioceres y Rizobacter siguen funcionando con normalidad, el impacto reputacional empieza a sentirse y suma ruido en un mercado que mira cada vez con más lupa a la empresa.

 

Bioceres supo ser un caso testigo de la biotecnología argentina, con una fuerte apuesta a semillas y, sobre todo, con el desarrollo del trigo y la soja HB4, resistentes a la sequía. Pero la caída comenzó a mediados de 2025, cuando Bioceres S.A. reconoció que no podía afrontar pagarés bursátiles, lo que la dejó expuesta y sin margen de maniobra.

 

A eso se sumó una pérdida estimada en 55 millones de dólares, producto de un derrumbe en las ventas y errores de gestión financiera. Aunque la firma aclaró que Bioceres S.A. y el negocio HB4 hoy están separados y que no hay relación directa entre ambos, los problemas siguieron acumulándose.

 

Con la deuda creciendo y el escenario judicial cada vez más espeso, a comienzos de enero la empresa terminó entrando en concurso de acreedores, tras informarlo a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos. El futuro ahora depende de lo que pase en los tribunales y de si Bioceres logra dar vuelta una historia que, por ahora, viene cuesta abajo.

 

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