Rollover del 93% y liberación de liquidez en la última licitación del Tesoro
En la última licitación de deuda en moneda local, Economía no renovó todo lo que vencía, liberó liquidez por primera vez en el año y buscó mandar una señal clara al mercado: menos presión financiera y un mensaje de calma hacia la inflación.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
El Ministerio de Economía cerró una licitación de deuda en pesos con números que marcaron un giro en la estrategia. El Tesoro adjudicó $6,74 billones luego de recibir ofertas por cerca de $8 billones y logró refinanciar el 93,32% de los vencimientos del día. En la práctica, esto significó que el equipo económico dejó pesos sueltos en el mercado, algo que no había ocurrido en lo que va del año, con la idea de darle más aire a la plaza financiera y ayudar a bajar las tasas.
Este miércoles vencían unos $7,23 billones y, a diferencia de subastas anteriores —donde el “rollover” superaba cómodamente el 100%—, el Gobierno decidió no renovar todo. Así, liberó alrededor de medio billón de pesos. La lectura oficial es clara: con más liquidez circulando, se busca aflojar la presión sobre las tasas de interés y, de paso, moderar las expectativas inflacionarias a futuro.
En el segmento dollar linked, la demanda fue bastante más acotada. Se adjudicaron $150.000 millones en el bono que vence en junio de 2027, mientras que el título similar a 2028 quedó desierto, una señal de que el mercado, al menos por ahora, no ve tan atractivo cubrirse contra una eventual suba del tipo de cambio a más largo plazo.
Los analistas destacaron varios puntos del resultado. Por un lado, subrayaron que fue la primera licitación desde fines de 2024 sin instrumentos a tasa fija, lo que empujó a los inversores hacia los bonos indexados. Además, el plazo promedio de lo adjudicado trepó a casi 200 días, el nivel más alto desde fines del año pasado, lo que muestra una mayor disposición a estirar vencimientos.
Desde las consultoras también remarcaron que el Gobierno parece cómodo dejando algo de liquidez en el sistema, en un contexto donde el frente cambiario viene mostrando señales más estables. En esa línea, la ausencia de letras de corto plazo fue leída como una jugada deliberada para empujar a la baja las tasas y reforzar la idea de que la inflación seguirá desacelerándose en los próximos meses.
Como le fue al nuevo bono en dólares AO27
En paralelo, el equipo que conduce Luis Caputo avanzó con la primera colocación del nuevo bono en dólares. Se captaron USD 150 millones a una tasa del 5,89% anual, por debajo de lo que se esperaba inicialmente. Esos fondos se usarán para afrontar un pago fuerte previsto para julio, sin necesidad de salir a buscar financiamiento en Wall Street.
La respuesta del mercado fue más que holgada: para ese bono llegaron ofertas por USD 868 millones, casi seis veces más de lo que finalmente se adjudicó. Además, Economía anunció que este tipo de instrumento se ofrecerá cada quince días, con un tope de hasta USD 250 millones por licitación, como parte de una estrategia para cubrir compromisos externos sin aumentar la dependencia del financiamiento internacional.
Con esta jugada, el Gobierno buscó mostrar control del frente financiero y reforzar el mensaje de que la desinflación es un objetivo alcanzable. Dejar pesos en la calle, bajar el costo del dinero y estirar plazos aparece como una apuesta calculada para sostener la calma en los mercados.
Hacia adelante, el desafío será mantener ese delicado equilibrio: darle liquidez al sistema sin que eso se traduzca en más presión sobre los precios. Por ahora, el Tesoro eligió mandar una señal clara y el mercado, al menos en esta licitación, respondió con confianza.
