Ranking mundial de producción de gas: ¿En qué puesto quedó Argentina?
Con una producción anual cercana a 48.000 millones de metros cúbicos, el país aspira a convertirse en un proveedor global clave hacia 2035, impulsado por inversiones y un marco regulatorio favorable.
Argentina alcanzó el puesto 15 en el ranking mundial de producción de gas natural, con un volumen anual cercano a 48.000 millones de metros cúbicos, según datos publicados por Visual Capitalist. De mantenerse las inversiones en infraestructura y establecerse regulaciones adecuadas, esta posición podría mejorar en los próximos años. La Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH) proyecta que para 2035 las exportaciones combinadas de petróleo y gas podrían alcanzar los USD 41.758 millones anuales, siempre que se ajusten las condiciones financieras y regulatorias a las demandas globales.
El país cuenta con reservas de gas natural suficientes para cubrir la demanda interna durante más de 200 años y con petróleo para más de un siglo, según la CEPH. La industria energética argentina, liderada por YPF, busca transformarse en un exportador energético de gran escala hacia 2030.
Por primera vez, Argentina tiene la capacidad de abastecer su mercado interno y al mismo tiempo constituir una plataforma exportadora significativa para responder a la creciente demanda mundial de gas, proyectada hasta 2050. Este aumento global está impulsado principalmente por la sustitución del carbón en la matriz energética.
El contexto internacional también favorece esta oportunidad. Las interrupciones en rutas clave del Medio Oriente han elevado el protagonismo de productores considerados estables, destacándose Estados Unidos, que lidera la producción mundial con 37.751 miles de millones de pies cúbicos en 2024, un 1,6 veces más que Rusia, segundo en el ranking.
Además de Estados Unidos y Rusia, países como Irán, China, Canadá, Catar, Australia y Noruega integran el top 10 de productores mundiales. Argentina se posiciona como el principal productor sudamericano, junto a Egipto, Uzbekistán, Omán, Nigeria y Azerbaiyán, con volúmenes anuales cercanos a los 40.000 millones de metros cúbicos.
El liderazgo estadounidense se debe en parte al auge del gas de esquisto, que desde 2005 ha multiplicado su producción mediante fracturación hidráulica. La diferencia entre Estados Unidos y Rusia supera la producción anual conjunta de la mayoría de los países del top 10, consolidando su peso en el mercado global y el suministro de gas natural licuado (GNL).
La CEPH elaboró tres escenarios para la próxima década. El más probable, denominado expansivo, estima que Argentina podría alcanzar exportaciones por USD 41.758 millones para 2035, con inversiones anuales entre USD 12.000 y 21.000 millones desde 2026 hasta 2035.
Este crecimiento contempla un aumento anual del 11% en pozos de shale oil, mayor capacidad de licuefacción para exportar gas natural y mejoras en infraestructura, como nuevos oleoductos y gasoductos, fundamentales para abastecer tanto el mercado interno como las terminales de exportación. En este escenario, se proyectan importaciones por USD 4.080 millones y un saldo comercial energético superior a USD 37.600 millones, lo que consolidaría a Argentina como un actor global relevante en energía.
Además, existen escenarios moderados y acelerados que contemplan exportaciones de USD 22.382 millones y USD 40.074 millones, respectivamente, con variaciones en inversión y producción. Para materializar este potencial, el sector energético necesita un aumento de inversiones, precios internos que reflejen valores internacionales y un marco regulatorio que fomente nuevas inversiones. Entre las medidas clave destacan la restauración de incentivos fiscales y la eliminación de retenciones a las exportaciones.
En la última década, la producción energética argentina experimentó un declive inicial seguido de un repunte. La producción de petróleo bajó hasta 2017 por precios internos alejados de los internacionales y agotamiento de yacimientos convencionales, pero luego se recuperó gracias a mejores precios y al desarrollo de recursos no convencionales, proyectando un récord para 2025.
En cuanto al gas, la recuperación comenzó en 2013, impulsada por el Plan Gas y la explotación del yacimiento de Vaca Muerta. El déficit comercial energético y los subsidios contribuyeron a un deterioro fiscal en la última década. Según la CEPH, los subsidios representaron un promedio de 1,7 puntos del PIB en los últimos diez años, aunque desde 2022 han disminuido, alcanzando USD 3.999 millones en 2025, equivalentes al 0,6% del PIB, gracias a la mayor producción y menor importación.
Durante años, los congelamientos tarifarios o aumentos por debajo de la inflación provocaron caídas reales en las tarifas. La reversión de esta política, coordinada con la recuperación productiva, permitió empezar a reducir el desequilibrio financiero y comercial del sector energético.
