La maldición argentina

En una extraña y despreciable analogía con el fenómeno económico conocido como “maldición de los recursos naturales”, la diputada Fernanda Vallejos, manifestó que Argentina tiene la maldición de exportar alimentos.

Por Sebastián Cao

Licenciado en Administración de Empresas. Dirigente de Republicanos Unidos

 

En una extraña  y despreciable analogía con el fenómeno económico conocido como “maldición de los recursos naturales”, la diputada Fernanda Vallejos, manifestó que Argentina tiene la maldición de exportar alimentos.

 

Extraña, porque la maldición de los recursos naturales refiere a una paradoja donde países ricos en recursos naturales, principalmente no renovables, han demostrado un pobre crecimiento económico que muchos otros con menores fuentes de recursos. La hipótesis sostiene que el flujo de divisas provenientes de las exportaciones de estos recursos naturales, como son los provenientes de la minería, el petróleo, gas, etc. produce una apreciación de la moneda local, volviendo menos competitivos, o sea, más caros, al resto de los sectores transables de la economía, como son la agroindustria y las diversas manufacturas, que pueden acarrear una caída de la actividad económica, del empleo, y desembocar por tanto en una recesión.

 

Pero Argentina no ha necesitado recibir grandes flujos de divisas producto de las exportaciones agropecuarias, para producir un daño en el resto de los sectores manufactureros. De hecho, como consecuencia de las cuestionables retenciones, sumadas a un tipo de cambio desdoblado en los hechos, el sector agrario subsidia al resto de la economía. Como consecuencia de su brutal carga impositiva y regulatoria, Argentina ha producido una pérdida de competitividad en prácticamente el resto de las sectores económicos.

 

Es despreciable, porque sus declaraciones encierran otro mensaje, que tiene como destinatario ese aproximado 50% y creciente porcentaje de nuestra población sumida en la pobreza. Les dice que si no se exportaran todos esos alimentos, para consumo humano o animal, que luego será para consumo humano, podrían abastecer la demanda interna a precios mucho más accesibles. Sin irnos lejos, la prohibición “temporal” de exportar maíz, luego levantada gracias a la férrea decisión del campo de no dejarse seguir avasallando, escondía como propósito inundar el mercado local y por lo tanto provocar una abrupta caída del precio de este commodity, siendo los productores claramente quienes cargarían con la pérdida generada.

 

Las declaraciones de la diputada están cargadas de ignorancia ya que antepone la ideología a la evidencia empírica. Aunque no debemos descartar la intencionalidad y descontar que al kirchnerismo poco le importan los efectos de mediano y largo plazo mientras les cierre el presente, los vimos patear los vencimientos de la deuda hacia el fin de su mandato sin encarar ninguna reforma estructural que contribuya a garantizar que podamos hacerles frente a estas obligaciones en el futuro. 

 

Ya ni le importan los efectos de corto, tan solo se fijan en los efectos inmediatos en busca de algo de aire que les permita tener un resultado electoral un poco menos desfavorable del que prevén tener. Y es que medidas como las propuestas, como las que encierran las declaraciones de la diputada Vallejos, tendrían si un efecto favorable en los precios en el cortísimo plazo, a costa de destruir la producción para una próxima cosecha, produciendo una mayor caída de la actividad económica, un aumento del desempleo y de la pobreza, mientras los precios, con una menor producción, volverían a su nivel relativo. 

 

Henry Hazlitt, en su libro Economía en una Lección escribía que: “el mal economista ve únicamente los efectos inmediatos, el buen economista ve más allá también. El mal economista ve solo las consecuencias directas de un curso de acción propuesto, el buen economista ve además las consecuencias lejanas e indirectas.” Ciertamente la diputada Vallejos pertenece al grupo de malos economistas.

 

La maldición que recae sobre nosotros entonces, no es exportar alimentos o cualquier otra cosa. Sino produjéramos alimentos, los tendríamos que importar. Producto de las malas políticas energéticas pasamos de exportar gas natural a importarlo. Nuestra maldición es una clase política enquistada en el poder, que parasita a los sectores productivos de la sociedad por un lado, y esclaviza mediante dádivas y clientelismo político a otra parte de la sociedad.

 

*Redacción:

 

  • Yamil Santoro: Abogado - Magister en Políticas Públicas - Doctorado en Administración de Empresas - Docente Universitario y empresario - Vicepresidente de Republicanos Unidos.
  • Sebastián Cao: Licenciado en Administración de Empresas - Secretario e investigador en Fundación Apolo

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