Economías provinciales: perspectivas tras las elecciones 2025

El panorama actual guarda similitudes con la etapa posterior a la crisis del Tequila (1995), cuando ingresaron capitales externos, se redujo el riesgo país y la economía nacional mostró un repunte entre 1996 y 1997. 

Tras las elecciones de octubre de 2025, el escenario nacional muestra una mayor estabilidad política y una reducción en la incertidumbre macroeconómica. Este cambio generó un entorno más previsible para la inversión y el crédito, con tasas de interés en descenso y una moderada recuperación del consumo y la producción.

 

El panorama actual guarda similitudes con la etapa posterior a la crisis del Tequila (1995), cuando, tras la confirmación del rumbo económico, ingresaron capitales externos, se redujo el riesgo país y la economía nacional mostró un repunte entre 1996 y 1997. 

 

En aquel período, los sectores más dinámicos fueron los más intensivos en capital: minería, servicios públicos (electricidad, gas y agua) y el sector financiero. Estos sectores lideraron con claridad el repunte, superando holgadamente el crecimiento del promedio de la economía. En contraste, los sectores ligados al mercado interno —industria, comercio y construcción— exhibieron caídas más profundas durante la crisis y una recuperación posterior más lenta e incompleta. 

 

En el contexto actual, podría esperarse una situación similar al post-Tequila, aunque con algunas diferencias. Una está en el dólar, que en términos reales se encuentra en un valor más elevado, lo que mejora la competitividad exportadora. Otra diferencia está en que la inflación aún no ha alcanzado niveles bajos y estables, lo cual condiciona parcialmente la certidumbre económica.

 

Esa referencia histórica resulta útil para interpretar el presente. Aunque son escasas las estadísticas provinciales sistematizadas del período post-Tequila, se sabe que las provincias argentinas suelen seguir la tendencia nacional, diferenciándose según (i) la evolución de sus sectores exportables (por ej. Neuquén con su petróleo), y (ii) su grado de dependencia de fondos nacionales (por ej., mayor en varias provincias del norte argentino).

 

Sobre la base de los datos no sistematizados de PBG provinciales, se observa su caída en el año 1995 en la mayoría de las provincias consideradas, con la excepción de algunas vinculadas al petróleo (Neuquén y Chubut) y minería (Catamarca).

 

Para 2026, considerando el nuevo panorama nacional y las diferencias estructurales entre provincias, es posible delimitar tres grandes grupos de provincias, acorde al desempeño esperado:

 

  • Aquellas con base productiva diversificada: acompañarían la mejora nacional, con un crecimiento moderado y sostenido.
  • Con alta dependencia fiscal: mantendrían un ritmo más lento, afectadas por la reducción de transferencias discrecionales, aunque con cierta compensación vía una mayor recaudación coparticipable.
  • Con sectores intensivos en capital: exhibirán los mejores resultados, apoyadas en inversiones en minería, petróleo (especialmente Neuquén), energía y servicios financieros.

En comparación con 2024/25, las perspectivas para 2026 son algo más favorables.
La mejora de las condiciones macroeconómicas y financieras podría extender la reactivación a un número mayor de jurisdicciones, reduciendo las brechas regionales más marcadas.
Sin embargo, las diferencias estructurales —exportadoras versus dependientes del gasto público— persistirán, limitando la convergencia plena entre regiones.

 

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?