El dólar sigue en baja y se afianza la calma cambiaria: cuales son las razones.
La divisa oficial encadenó cuatro caídas seguidas y tocó el valor más bajo en casi dos meses. El apretón monetario, la mayor oferta de dólares y el rol del agro sostienen la estabilidad, pero el combo de tasas altas e inflación resistente mete presión hacia adelante.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
El dólar oficial volvió a retroceder la ultima rueda y acumuló su cuarta baja consecutiva, hasta ubicarse en niveles que no se veían desde hace casi dos meses. La calma cambiaria se sostiene sobre varios pilares que hoy juegan a favor, aunque no están libres de riesgos. El principal ancla sigue siendo el endurecimiento monetario, con una fuerte escasez de pesos en la plaza que empuja las tasas bien arriba y enfría cualquier intento de corrida.
Ese contexto de iliquidez se hace sentir en todo el sistema financiero, con rendimientos elevados en las operaciones de muy corto plazo, una alta participación oficial en la oferta de dólares y un recambio casi total de los vencimientos de deuda en pesos. El mensaje es claro: la prioridad sigue siendo bajar la inflación y, mientras ese objetivo esté en el centro, el sesgo seguirá siendo contractivo. Con ese telón de fondo, el mercado no ve, al menos por ahora, un salto brusco en el tipo de cambio.
A esa estrategia se suma otra señal clave: la percepción de que el dólar va a seguir quieto incentivó el desarme de posiciones en moneda dura y aceleró la liquidación de divisas, en especial desde el sector agroexportador. En los últimos días, el ingreso de dólares del campo mostró un salto significativo, lo que reforzó la oferta en el mercado oficial y le dio más aire al Banco Central para seguir comprando sin mover el precio.
Del lado real de la economía, el agro vuelve a aportar buenas noticias. La liquidación diaria de divisas se aceleró con fuerza respecto de semanas previas y todo indica que el flujo podría mantenerse. Además, las perspectivas productivas para la próxima campaña son alentadoras: la siembra de soja y maíz avanza a buen ritmo, con algunas demoras puntuales por lluvias, mientras que el girasol muestra un estado general entre normal y excelente en casi toda el área sembrada.
Otro dato que sumó tranquilidad fue la confirmación de un nuevo superávit fiscal. Por segundo año consecutivo, las cuentas públicas cerraron en positivo, tanto en el resultado primario como en el financiero. Ese orden fiscal funciona como respaldo clave para el esquema actual y refuerza la idea de que el equilibrio de las cuentas llegó para quedarse, al menos como objetivo central de la política económica.
Sin embargo, no todo es color de rosa. La contracara de la escasez de pesos es una fuerte volatilidad en las tasas de interés, que en las últimas semanas mostraron movimientos extremos, especialmente en las operaciones a un día. Esa dinámica encarece el financiamiento, complica la previsibilidad y enfría la demanda de instrumentos en pesos, incluso cuando el Tesoro logra renovar casi todos sus vencimientos.
A eso se suma un frente inflacionario que todavía no termina de ceder. En diciembre, el índice de precios volvió a acelerarse y se ubicó por encima de lo esperado, con un núcleo que sigue mostrando inercia. La dificultad para perforar el 2% mensual limita la recuperación del salario real y empieza a reabrir el debate sobre el atraso cambiario, un factor que hoy está contenido, pero que podría ganar protagonismo más adelante.
Por ahora, el dólar encuentra razones para seguir planchado: menos pesos, más oferta de divisas, agro activo y disciplina fiscal. El desafío será sostener este equilibrio fino sin que las tasas asfixien la actividad ni que la inflación se resista más de la cuenta. La calma está, pero exige atención permanente.
