Dólares con sello propio: Trump quiere estampar su firma en todos los billetes
La Casa Blanca impulsa una jugada inédita en la historia monetaria de EE.UU, que ya genera ruido político y dudas sobre sus límites legales
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, tiene en carpeta una decisión que rompe con más de un siglo y medio de tradición: sumar la firma del presidente a los billetes de dólar. Hasta ahora, el papel moneda norteamericano solo lleva las rúbricas del secretario del Tesoro y del tesorero, un esquema que se mantiene sin cambios desde 1861.
La iniciativa oficial apunta a que, desde junio, los nuevos billetes comiencen a circular con la firma de Trump. El plan arrancaría con los de mayor denominación —los de 100 dólares— y luego se extendería al resto de la familia de billetes.
Desde el Gobierno salieron a respaldar la movida con argumentos económicos. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, planteó que se trata de una forma de reconocer el “crecimiento económico histórico”, el peso global del dólar y la fortaleza fiscal del país. En la misma línea, el tesorero Brandon Beach fue todavía más enfático: describió a Trump como el impulsor de una nueva etapa de expansión y sostuvo que su nombre en el dinero no solo corresponde, sino que está plenamente justificado.
En ese contexto, especialistas advierten que la polémica está servida. Michael Bordo, referente en historia monetaria de la Universidad Rutgers, consideró que la decisión seguramente generará resistencia política, aunque dejó abierta la incógnita sobre si efectivamente vulnera alguna norma, dado que el Tesoro tendría margen para definir quién firma los billetes.
Del lado opositor, las críticas no tardaron en aparecer. Dirigentes demócratas salieron a cruzar la propuesta con dureza, señalando que va en contra de las tradiciones institucionales del país y acusando al oficialismo de personalizar un símbolo que históricamente se mantuvo al margen de los liderazgos políticos.
Los demócratas criticaron la medida, y la congresista Shontel Brown escribió en X que el plan del Tesoro es "asqueroso y contrario a los valores estadounidenses". Y remató: "Pero al menos nos recordará a quién debemos dar las gracias cuando paguemos más por la gasolina, los productos y la comida".
Más allá de la discusión legal, el trasfondo es también simbólico: el dólar no solo funciona como moneda, sino como emblema de estabilidad y continuidad. Cualquier cambio en su diseño suele leerse como un mensaje político de alto impacto, tanto puertas adentro como en el escenario internacional.
Si finalmente avanza, la medida marcaría un quiebre en la forma en que Estados Unidos proyecta su identidad a través de su moneda. Y en un clima político ya cargado, promete sumar un nuevo capítulo a la disputa entre oficialismo y oposición, con el billete verde en el centro de la escena
