El ABC del mercado: claves para diversificar entre renta fija y variable

Conocer el propio perfil de inversor es el paso inicial para proteger los ahorros en el mercado argentino. Cuáles son las opciones conservadoras, cuáles ofrecen mayores retornos y cómo estructurar una cartera equilibrada.

En el mundo de las inversiones, existen dos grandes caminos para hacer rendir el capital: la renta fija y la renta variable. Comprender en profundidad cómo funciona cada uno es un paso ineludible para evitar errores frecuentes y definir con claridad los objetivos a la hora de colocar los ahorros.

 

Por un lado, la renta fija se posiciona como el pilar fundamental para los perfiles más conservadores, principalmente porque brinda previsibilidad. Al momento de invertir, la persona ya sabe cuánto va a ganar, cuándo efectuará el cobro y cuál es el plazo necesario de la inversión para obtener dicho rendimiento. Sus instrumentos más destacados y conocidos son las letras del tesoro, los bonos soberanos y las obligaciones negociables (ON).

 

Para ilustrar su funcionamiento, sirve analizar el caso de una obligación negociable de YPF que abona un 8% anual. Este "papel" suele realizar pagos semestrales, lo que implica que el tenedor recibe un 4% en el mes de enero y el 4% restante en julio. Aunque su vencimiento definitivo esté pautado, por ejemplo, para el año 2034, el inversor cuenta con la liquidez de poder venderla en el mercado secundario —tanto en pesos como en dólares— cualquier día hábil en que la bolsa opere, sin necesidad de inmovilizar la plata hasta el final.

 

En la otra vereda se ubica la renta variable, un segmento financiero mucho más volátil pero estratégicamente ideado para conseguir mejores rendimientos a largo plazo. En esta categoría entran activos muy demandados como las acciones directas, los ETFs y los CEDEARs. Al comprar un CEDEAR de Apple, por ejemplo, el ahorrista adquiere una porción directa de la empresa estadounidense. Aquí la rentabilidad no está garantizada bajo ningún punto de vista: el valor puede subir o bajar un 10% en apenas un año, dependiendo estrictamente de la situación macroeconómica global y de Estados Unidos.

 

Cabe destacar que dentro de la propia renta variable también existen distintas escalas de riesgo para elegir. Aquellos inversores que buscan exposición accionaria pero con menor volatilidad pueden apostar a empresas de consumo masivo o tradicionales como Coca-Cola o Walmart. Por el contrario, los perfiles más arriesgados suelen elegir firmas tecnológicas con fuertes oscilaciones en sus cotizaciones diarias, como Tesla o Nvidia.

 

Desde agencias del sector bursátil, como Bull Market, remarcan una regla de oro: ninguna de las dos alternativas es superior a la otra, sino que ambas resultan complementarias. El verdadero secreto del éxito reside en conformar una cartera debidamente diversificada, ponderando un mayor porcentaje de renta fija o variable según el riesgo que el ahorrista esté dispuesto a asumir, siempre apoyándose en el asesoramiento financiero especializado para dar los primeros pasos.

 

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