Endeudarse es más fácil, salir de la deuda no: cómo recuperar el control de las finanzas personales
El crédito al consumo volvió a crecer, pero también aumentó la morosidad de las familias. Con préstamos personales cerca del 60% anual y un mayor uso de tarjetas, especialistas recomiendan planificar las deudas y utilizar el financiamiento de forma estratégica para evitar problemas financieros.
Por Ariel Mamani
Inversor - Asesor - Fundador de InverArg
Después de varios meses de recuperación del crédito al consumo, cada vez más familias argentinas enfrentan un nuevo desafío: administrar correctamente sus deudas. Si bien acceder a préstamos o financiar compras resulta hoy más sencillo, mantener el equilibrio financiero requiere planificación, especialmente en un contexto de tasas elevadas.
Los datos reflejan esta tendencia. Según el último Informe sobre Bancos del Banco Central (BCRA), la morosidad de las familias alcanzó el 12,8% en mayo, mientras que el crédito destinado al consumo cayó 1,1% en términos reales, una señal de que muchas personas priorizan ordenar sus compromisos financieros antes de asumir nuevas obligaciones.
A esto se suma el costo del financiamiento. A fines de julio, la tasa promedio de los préstamos personales rondaba el 60% anual, por encima de la inflación acumulada de los últimos doce meses. En ese escenario, cancelar una deuda costosa suele ofrecer un beneficio financiero mayor que mantener ese dinero invertido en instrumentos tradicionales de ahorro.
Uno de los errores más frecuentes consiste en pagar únicamente el monto mínimo de la tarjeta de crédito. Aunque permite evitar la mora, el saldo pendiente continúa acumulando intereses elevados, haciendo que una compra pequeña termine convirtiéndose en una deuda de largo plazo. Siempre que sea posible, abonar el total del resumen sigue siendo la alternativa más conveniente.
También resulta recomendable evitar préstamos informales o de plataformas no reguladas, ya que suelen presentar costos significativamente superiores y ofrecen menores garantías para quienes toman financiamiento.
Sin embargo, no toda deuda representa un problema. Cuando se utiliza de manera planificada, el crédito puede convertirse en una herramienta útil para afrontar gastos imprevistos, realizar compras necesarias o administrar mejor el flujo de ingresos.
Un ejemplo es utilizar la tarjeta de crédito en una cuota sin interés para gastos cotidianos, mientras el dinero disponible permanece invertido hasta el vencimiento del resumen. De esta manera, el costo de la compra no cambia, pero el capital genera un rendimiento durante ese período.
Para quienes ya tienen varias obligaciones, el primer paso consiste en elaborar un listado con cada deuda, su monto, la tasa de interés y la fecha de vencimiento. Contar con esa información permite establecer prioridades y elegir la estrategia más conveniente.
Una alternativa es el método bola de nieve, que propone cancelar primero la deuda más pequeña para obtener resultados rápidos y mantener la motivación. La otra opción es el método avalancha, que prioriza la deuda con la tasa de interés más alta, reduciendo el costo total del endeudamiento y el monto de intereses pagados.
Cuando las cuotas superan la capacidad de pago del hogar, refinanciar o consolidar las deudas en un solo préstamo puede aliviar el flujo mensual. No obstante, esta decisión debe analizarse cuidadosamente, ya que una cuota menor muchas veces implica un plazo más largo y un costo financiero total más elevado.
En un contexto donde el crédito volvió a ocupar un lugar central en la economía cotidiana, la diferencia entre una deuda saludable y un problema financiero no suele depender del monto, sino de la planificación y del uso responsable de las herramientas de financiamiento.
