Perfumerías en crisis: las importaciones y caída del consumo golpean al sector
La apertura sin controles y el derrumbe de las ventas aceleraron el cierre de locales en todo el país. Desde la cámara del rubro hablan de competencia desleal, pérdida de empleo y productos sin habilitación que inundan las góndolas.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
El negocio de la cosmética y la perfumería atraviesa uno de sus momentos más delicados. Según datos de la Cámara Argentina de Perfumerías, en los últimos dos años bajaron la persiana unas 700 perfumerías y, hoy por hoy, el cierre de locales avanza a un ritmo de uno por mes. La combinación de importaciones sin control y un consumo en baja terminó de empujar a un sector que ya venía ajustado.
Las cifras actuales son contundentes. Hace dos años había alrededor de 4.500 perfumerías en todo el país y ahora quedan unas 3.800. “Cerraron unas 700 entre casas matrices y sucursales, y se perdieron cerca de 1.450 puestos de trabajo en un rubro que emplea a unas 60.000 personas”, explicó Julio Vázquez, presidente de la entidad. La sangría no distingue tamaños ni zonas: afecta tanto a pequeños comercios de barrio como a cadenas medianas.
Desde el sector apuntan a dos grandes causas. Por un lado, el ingreso de mercadería “bagayada”, productos truchos o directamente de contrabando que llegan desde países limítrofes. Por el otro, importaciones que entran por Aduana pero sin cumplir con los controles que exige la ANMAT. “Ahí se arma una competencia desleal enorme, tanto contra la industria nacional como contra el comercio minorista”, remarcan.
Con solo caminar por la calle se nota el cambio de paisaje. Mientras las perfumerías tradicionales cierran, proliferan los mega locales chinos, muchos de ellos con la perfumería y la cosmética como rubro central. Góndolas llenas de cremas, maquillajes y fragancias de imitación de grandes marcas, precios muy bajos y, en algunos casos, hasta promotoras que asesoran a las clientas y recomiendan productos, aun cuando no siempre cuentan con habilitación sanitaria.
La diferencia de precios explica buena parte del fenómeno. Desde la cámara ponen un ejemplo concreto: un alargador de pestañas de una marca nacional, con todos los controles, ronda los $8.000. En los comercios chinos se consiguen productos similares por $3.000, pero sin garantías ni certificaciones. “La gente compra para ahorrar, sin saber qué problemas puede traer después”, advierten.
Vázquez también apuntó contra la falta de controles oficiales. “A los fabricantes nacionales los asfixian con regulaciones, pero cuando la mercadería viene de China miran para otro lado. Es una locura. Incluso se compran cosméticos para chicos sin control, cuando acá se producen líneas infantiles con todos los requisitos”, se quejó. Si bien ANMAT prohibió algunas marcas importadas, desde el sector sostienen que no alcanza.
El problema, además, se expande geográficamente. Estos grandes locales ya no están solo en el microcentro porteño: se multiplican en barrios, avanzan sobre el conurbano y llegan a las principales ciudades del interior. El resultado, dicen, es una rentabilidad cada vez más negativa para los comercios formales.
De no haber cambios, el panorama sigue oscuro. Desde la cámara reclaman reglas parejas, controles efectivos y una política que permita competir en igualdad de condiciones. Sin eso, advierten, la caída de persianas podría continuar y llevarse por delante a un rubro que durante décadas fue sinónimo de comercio de cercanía y empleo estable.
