Las consultoras privadas pronostican que la inflación de enero será superior al 2%
Las consultoras privadas estiman que el índice superará el 2%. Carnes, verduras y productos básicos siguieron marcando el pulso de los precios, pese a la calma cambiaria.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
El comienzo del año dejó en claro que la inflación sigue siendo un tema sensible en la economía cotidiana. Distintos relevamientos privados coinciden en que el índice de precios de enero se ubicará por encima del 2%, impulsado otra vez por los aumentos en alimentos y bebidas, un rubro que no logra desacelerar aun con un escenario de mayor estabilidad macroeconómica y cambiaria.
Los informes de las últimas semanas detectaron una aceleración hacia el cierre del mes, sobre todo en productos frescos y bienes de consumo básico. No se trató de remarcaciones bruscas, pero sí de un aumento constante, casi imperceptible en el día a día, que terminó acumulando presión sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC). Carnes, verduras y aceites volvieron a estar entre los principales responsables.
La danza de números: qué estiman las consultoras
Las proyecciones privadas muestran un consenso bastante claro, con un promedio en torno al 2,5%, aunque con diferencias según cada medición. Econviews fue la más alta, con una estimación del 2,8%. LCG calculó un 2,5% y puso el foco en el fuerte encarecimiento de la carne. El relevamiento de Almaceneros de Córdoba ubicó la inflación entre el 2,4% y el 2,5%.
Por su parte, Equilibra fue algo más moderada y proyectó un 2,2%, mientras que el IPC Online de Bahía Blanca mostró el registro más bajo, con un número cercano al 1,9%.
Aun así, la mayoría de las consultoras coincide en que el piso del 2% sigue siendo difícil de perforar.
Detrás de estos números aparece una inflación que conserva “núcleos duros” dentro de la canasta básica. Si bien hubo factores que ayudaron a contener el índice —como bajas estacionales en algunas verduras, aumentos más suaves en lácteos y estabilidad en precios regulados como los combustibles—, el peso de los alimentos frescos terminó inclinando la balanza.
El problema es que se trata de productos de consumo diario y con poca capacidad de sustitución, lo que amplifica el impacto en el bolsillo. Ese “goteo” permanente en las góndolas termina sintiéndose con fuerza, sobre todo en los hogares de ingresos medios y bajos.
De cara a febrero, el escenario sumará una novedad técnica clave: el INDEC empezará a medir la inflación con una nueva canasta de bienes y servicios. La actualización refleja hábitos de consumo más actuales y le da mayor peso a los servicios, mientras reduce la incidencia relativa de los alimentos. Ese cambio podría modificar la lectura estadística del índice en los próximos meses.
Más allá de la metodología, el desafío de fondo sigue siendo el mismo. La estabilidad cambiaria ayudó a evitar sobresaltos, pero no alcanza por sí sola para frenar la inercia de precios en los rubros básicos. El termómetro de febrero, con nueva canasta y nuevos ajustes, será una primera señal para ver si la inflación empieza a ceder de manera más clara o si el 2% sigue funcionando como un piso difícil de romper.
