Economía|20 de mayo de 2021

La compleja salida del laberinto cambiario

Por Daniel Marx

Economista. Director Ejecutivo de Quantum Finanzas.

 

En Aurina, se pusieron a buscar una salida superadora a la confusión y frustración reinante en materia cambiaria. Además, no lograban dominar una inflación elevada aún habiendo ralentizado la depreciación de la moneda y el aumento de otros precios considerados clave por las autoridades. Las reservas internacionales no se recuperaban a los niveles esperados a pesar de las restricciones a la compra de moneda extranjera.

 

Algunos opinaban que eran las mismas normas las que inducían aumentos desproporcionados en los precios, porque generaban crecientes faltantes de bienes y disminuían la competencia. Agregaban que los precios se referenciaban cada vez más con un tipo de cambio alternativo al “oficial”. 

 

Otros tenían una evaluación opuesta, considerando que la eliminación de esas restricciones llevaría a un pronunciado salto inflacionario por remarcaciones de precios, que desembocaría en una espiral inflacionaria con profundos efectos sobre el tejido social. Los ciudadanos más vulnerables tenían necesidades crecientes y su número era cada vez mayor. Los que tenían más medios buscaban alternativas personales que los alejara de ese entramado social. 

 

A los dirigentes de Aurina les quedó claro que era mucho más fácil entrar en ese laberinto cambiario que salir de él. No solo la madeja cambiaria se tornaba más compleja sino que también se estaba frente a un fenomenal dilema.

 

Era elegir entre realinear elementos para superar una economía disfuncional o alterar un delicado equilibro de convivencia entre los integrantes de la sociedad. Mantener el status quo tampoco llevaba a dificultades crecientes al aumentar el deterioro económico y social.

 

Estudiadas las experiencias de salida a los esquemas cambiarios aparecieron alternativas diversas en las que la velocidad y profundización hacia la normalización están condicionadas por el contexto externo reinante. Tenemos casos diferenciables donde hubo:

 

  1. Salidas de fondos asociadas a insolvencia o iliquidez externa de una clase de deudor, ej. bancos o compañías, que por temor de contagios se extendió a otros. En la práctica, la salida se dio con la implementación de acciones que remediaron los causales de retiros asociados a esa clase de sujeto. Aun así, era dudoso que una norma general fuese más eficaz que un arreglo puntual de pasivos del deudor en cuestión.
  2. Países que buscaban atemperar entradas de capitales de corto plazo, que llevarían a una apreciación temporaria extraordinaria de la moneda local, y riesgos por su eventual reversión. Allí la eliminación de las restricciones fue gradual. 
  3. Controles muy extendidos en el tiempo sin inestabilidad financiera sustancial, particularmente en países con desarrollo económico muy inferir a la media. Las restricciones se levantaron gradualmente como parte de un programa de generación de oportunidades, que indujo inversiones y crecimiento, mejorando las perspectivas macroeconómicas y cuidando sus equilibrios.
  4. Controles que se extendieron en el tiempo por persistentes presiones cambiarias (por niveles de reservas y/o tipo de cambio), alta inflación y actividad económica muy por debajo del potencial, aún en contextos iniciales no desfavorables. En general, más tarde (a veces, luego de varios años) que temprano, terminaron desembocando en estabilizaciones, planeadas o por accidente, y con traumas, que llevaron en el extremo a elegir flotar la moneda o perder soberanía monetaria (p.ej. dolarizar directa o indirectamente).
  5. Diseño e implementación de programas de estabilización y crecimiento, que dieron lugar a aumentos graduales en inversiones y mayores grados de libertad en lo monetario-cambiario. Ello se logró con acciones claras y coherentes que contemplaban múltiples factores para el normal funcionamiento económico y social. Así evitar descarrilar en el camino.

Las distintas salidas del laberinto cambiario y la trampa inflacionaria involucraban decisiones políticas persistentes en el tiempo. La resolución requería una visión de integralidad atacando las causas; no ir meramente por los síntomas. Sin una estabilización comprehensiva con apoyo político se arriesgaban inflaciones superiores o mayores limitaciones a derechos de las personas.

 

En Argentina hoy –aun teniendo en cuenta las dificultades sanitarias- nos encontramos con una conjunción de elementos que muestran:

 

  • Marcada incertidumbre sobre las perspectivas económicas y decisiones políticas compatibles con lograr un desarrollo sostenible y solucionar los desequilibrios acumulados.
  • Fragilidad de la demanda de dinero local con importantes efectos sobre la inflación, presiones cambiarias, alto “riesgo país” y costos para inversiones y consumo.
  • Mejoras transitorias en lo fiscal, monetario y financiamiento sin que lleguen a compensar el deseo de reducir inversiones en Argentina.
  • Persistencia de elementos que no estimulan adecuadamente los incrementos en oferta de bienes y servicios. Entonces, aumentos en la demanda desembocan en incrementos. desproporcionados de precios, facilitados por un ambiente de competencia restringida.
  • Dificultades para llevar adelante operaciones comerciales que motivan estrangulamientos productivos.
  • Bajos vencimientos de deuda en moneda extranjera, aunque con cuestiones a resolver con acreedores oficiales.
  • Contexto externo favorable dado por precios de commodities  y aumento de su demanda junto a condiciones financieras laxas.

En definitiva, entre las experiencias de Aurina y la realidad argentina notamos que lo cambiario también refleja otras cuestiones, locales o externas. Pero, por su incidencia, se puede utilizar como parte de un conjunto de soluciones consistentes entre sí y que funcione inter-temporalmente. Las cuestiones involucradas abarcan decisiones no solo en materia fiscal, monetaria y de endeudamiento, sino también de funcionamiento de la economía buscando aumentar ingresos y la oferta de bienes y servicios. Requiere reglas de juego que permitan hacerlo, dando previsibilidad a los distintos actores y que tengan flexibilidad ante un mundo de cambios inesperados. Y en ese contexto, hacer menos costosa la transición a los sectores más vulnerables. Vale la pena decidir y actuar cuando la situación es difícil y aprovechar los elementos actuales que ayudan.