Consultoras privadas proyectan una leve desaceleración de la inflación en abril
Tras el 3,4% de marzo, los precios muestran una desaceleración en lo que va de abril. Sin embargo, el impacto del petróleo y los combustibles complica que el IPC baje del 2% en el corto plazo.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
La inflación empieza a dar señales de alivio en abril, después del salto que se vio en marzo. Con un 3,4% en el tercer mes del año —el más alto de los últimos doce meses—, tanto el Gobierno como las consultoras privadas coinciden en que ahora se viene una desaceleración, aunque con matices.
El principal factor que explica esta baja es el comportamiento de los alimentos y bebidas, que vienen mostrando una suba más moderada en las últimas semanas. Según distintos relevamientos, ese rubro —que suele tener un peso clave en el índice— dejó de presionar como lo venía haciendo meses atrás.
EcoGo, por ejemplo, midió una suba de apenas 0,3% en la segunda semana de abril, por debajo del 0,5% de la primera. Con esos datos, proyecta que la inflación del mes podría cerrar en torno al 2,3%. En la misma línea, su directora, Marina Dal Poggetto, planteó que el dato final estaría “más cerca del 2% que del 3%”.
Otras consultoras muestran una dinámica similar. Econviews registró una suba de 0,2% en alimentos en la segunda semana, con movimientos dispares: aumentos en verduras, pero bajas en carnes, que venían de pegar un salto fuerte en marzo. En ese relevamiento, el acumulado de cuatro semanas ya bajó a 1,6%.
LCG, en tanto, marcó un comportamiento algo más volátil, con una suba de 0,5% en la segunda semana tras una caída previa. Aun así, el promedio mensual también muestra desaceleración: se ubica en torno al 1,2% en las últimas cuatro semanas, confirmando que la tendencia general es a la baja.
Ahora bien, no todo juega a favor. Hay un factor que empieza a meter ruido y que podría ponerle un piso a la desaceleración: los combustibles. La suba del petróleo a nivel internacional, en medio del conflicto en Medio Oriente, ya empezó a trasladarse a los precios locales.
Ese impacto no es menor. El combustible influye en toda la cadena económica: transporte, logística, distribución. Cuando sube, termina filtrándose en distintos precios, incluso en rubros que en principio no están directamente vinculados.
En ese contexto, varios analistas advierten que, si bien la inflación baja, no será tan rápido como algunos esperan. Salvador Di Stéfano, por ejemplo, coincidió en que abril dará un número más bajo, pero remarcó que el factor energético es una variable difícil de controlar y de proyectar.
Mirando hacia adelante, el desafío del Gobierno es sostener esta desaceleración en un contexto todavía frágil. La estabilidad en alimentos ayuda, pero no alcanza por sí sola si otros costos empiezan a presionar. El equilibrio es fino y depende, en gran medida, de factores externos.
Por ahora, el dato positivo es que la tendencia descendente sigue vigente. La inflación no se dispara y empieza a moverse en un rango más bajo. Pero para perforar el piso del 2%, hará falta algo más que calma en los precios de la comida: también será clave lo que pase con la energía y el escenario internacional.
